14/ isla de Fuerteventura


Fuerteventura
-Datos principales:
Fuerteventura constituye la segunda mayor en cuanto a superficie (1.644 km2) y presenta numerosos volcanes.
-Medio físico:
Se distinguen dos partes desiguales: al N Majorata, que culmina en La Atalaya (726 m), y al S la Península de Jandía, con la máxima altura en el pico de Jandía (807 m). Ambas partes se unen por el istmo de la Pared.
Geomorfológicamente se diferencian tres elementos: al O, el macizo de Betancuria; al E, un conjunto montañoso que continúa en la Península de Jandía; y en el centro, uniendo ambas, los llanos de la Antigua y Tuineje.
Las costas son bajas, en general, con frecuentes playas y terrazas marinas con costras calizas.

-Clima:
A lo largo del año se registran una temperatura y humedad relativa bastante uniformes. Las lluvias son escasas, siendo más habituales de septiembre a mayo. Los vientos dominantes son del NE o del N, suaves durante el otoño y el invierno y algo fuertes en primavera y verano.
La temperatura media anual oscila entre los 19,6º C y los 18,8º C, y la humedad relativa entre el 19% y el 38%. El grado de insolación es bastante elevado, siendo la media anual de 2.800 horas de sol.
La temperatura del agua oscila entre los 17º C y los 23º C en superficie, siendo enero y febrero los meses más fríos y agosto y septiembre los más cálidos. Las corrientes de agua son intensas en el lado de Sotavento, y discurren la mayor parte del tiempo en dirección NE-SO, paralelas a los flancos de la isla.
-Flora:
Fuerteventura es la cuarta región natural a nivel mundial en cuanto a endemismos florísticos se refiere, donde perviven plantas de la Era Terciaria que han desaparecido de la mayor parte del planeta.
Debido a la baja altitud de la isla, los vientos alisios no descargan su humedad, por lo que no existen en Fuerteventura bosques como en las islas más altas.
La formación vegetal que ocupa una mayor superficie en la isla es el matorral espinoso, que se extiende por llanos y lomadas. La aulaga es una de las especies más comunes, además de espinos, matamoros y rama. El verode, las tabaibas y los cardones representan los elementos más puros de la que se supone fue la formación original.
Las palmeras y tarajales, casi los únicos representantes arbóreos de la vegetación autóctona, están ligados al cauce de los barrancos y el fondo de los valles.
En áreas de trasplayas, inundadas periódicamente por la marea, aparece una comunidad denominada saladar. En este hábitat, junto con otras especies, se halla presente un matorral denso denominado matamoros. Fuerteventura dispone de las mejores representaciones de saladar del Archipiélago (Saladar del Matorral en Morro Jable). Estas zonas húmedas tienen una gran importancia debido a su vinculación con la avifauna. También en la costa, y generalmente cerca de los saladares, se encuentra el jable.
Los campos de dunas se extienden hacia el interior a favor de los vientos dominantes. Destacan en estas zonas la uva de mar y los balancones. Tierra adentro, el arenal contiene una rica vegetación representada por corazoncillos, algahuera, salado blanco, saladillo, trufa, melosa, cebolla, etc.
En la isla existen zonas declaradas de interés ecológico protegidas por la Ley 12/1987 de 19 de junio de la Red de Espacios Naturales de Canarias. Bajo la denominación de Parajes Naturales de Interés Nacional se encuentran la Montaña de Tindaya, la Ladera de Vallebrón, la Montaña Cardón, el Malpaís de la Arena, El Saladar y la Caldera de Gairía; como Parques Naturales están las Dunas de Corralejo y Lobos, el Pozo Negro, Jandía y Betancuria.
-Fauna:
Los invertebrados, y entre éstos los insectos, son el grupo faunístico más representado en Fuerteventura. Especial interés tiene la cochinilla, insecto que vive y se desarrolla sobre las hojas de la tunera, que llegó a estar protegido por una ley de 1827.
Frente a la abundancia de invertebrados, Fuerteventura no destaca por la presencia de vertebrados; las aves son los únicos representantes (con un número importante de especies, especialmente las nidificantes —muchas endémicas— y migratorias). Las costas vírgenes de Fuerteventura y las escasas salinas y presas sirven de parada a estas especies, concentrándose en ellas una comunidad cuyos componentes varían estacionalmente.
Las aves más representativas de los llanos —tanto arenosos como terrosos— son la hubara canaria o avutarda, el corredor, el alcavarán, el alcaudón real, el cernícalo y la abubilla. En los barrancos se encuentran la terrera marismeña, la tarabilla canaria, el herrerillo, el gorrión moruno, etc. En las áreas montañosas abundan el guirre, la aguililla, el camachuelo trompetero, el águila pescadora, la lechuza común, etc. Tanto el águila pescadora como el guirre están en inminente peligro de extinción.
De entre las aves marinas destacan la pardela —como ave nidificante— y el chorlitejo grande, el chorlitejo gris, el correlimos, la garcela, etc. —como aves migratorias. Quedan escasos ejemplares de charranes comunes de la numerosa colonia existente anteriormente.
En la Isla de Lobos, la avifauna está compuesta por el petrel, la pardela chica y cenicienta y el paíño común.
Las diferencias de salinidad y temperatura de las aguas, debido a las corrientes marinas, permiten la presencia de especies pertenecientes a regiones diversas. La zona de barlovento, azotada por el mar de fondo, más rica en plancton y algo más fría, presenta más variedad y abundancia de especies.
Por familias predominan los espáridos (bogas, salemas, sargos, chopas, galanas, roqueras, samas, brecas, bocinegros, besugos, etc.). Los túnidos y similares están representados principalmente por especies de bonitos, patudos, rabiles y sierras, además de ubicuas y caballas. Entre los pelágicos están los siguientes: agujas, voladores, dorados, pejerreyes, peces espada, sardinas y picuíllos. Las más importantes especies de cangrejos son las siguientes: santorra, centolla (que se coge con frecuencia en las nasas caladas a poca profundidad), cangrejos blanco y colorado, camarones, langostas canarias (muy abundantes en las cuevas del mar del norte), percebes (popularmente llamados "patas de cabra" y localizados en los lugares umbríos de los rompientes del Mar de Norte). Los moluscos más abundantes son los mejillones, los burgaos, las canaillas y las lapas. Entre los cefalópodos abundan en especial los pulpos, calamares, chocos y potas.
En alta mar son frecuentes las tortugas careta o bobas, al igual que las tortugas laúd, que anidan en algunas playas de la isla.
Los mamíferos marinos más frecuentes son las toninas (delfines), ruasos y algunas ballenas, habiéndose constatado recientemente la presencia ocasional de focas monjes.
Los anfibios están representados por la rana común; los reptiles más significativos son los lagartos, la lisa majorera o lisneja y los perenquenes.
En cuanto a los mamíferos, todos los que habitan en la isla han sido introducidos por el hombre (a excepción de los murciélagos). En esta clase se engloban los perros (siendo el bardino una raza autóctona), la cabra, el cerdo, la oveja, el caballo, el dromedario, el burro, el gato, etc. Entre los mamíferos no domesticados se encuentran el erizo, la musaraña, el murciélago, el conejo, la rata, el ratón y la ardilla moruna (especie esta última introducida recientemente en la isla desde África).
-Población:
La demografía insular ha experimentado un aumento regular —acelerado en el último decenio en la capital, Puerto del Rosario (con cerca de 19.000 habitantes)—, que contrasta con su ancestral estancamiento. La densidad demográfica continúa siendo muy baja: 10,9 h/km2.
Según el último censo elaborado en 1991 por el Instituto Canario de Estadística (ISTAC) la población asciende a 36.908 habitantes.
-Economía:
Fuerteventura posee una agricultura dedicada al cultivo de cereales (trigo, cebada, maíz) y hortalizas (tomate, cebolla, ajo, patata). Otros focos de ingresos económicos son la ganadería, las industrias alimentarias y el turismo.
-Administración y gobierno:
La isla de Fuerteventura es uno de los siete territorios insulares que integran la Comunidad Autónoma de Canarias. Pertenecen a la isla los municipios de Antigua, Betancuria, La Oliva, Pájara, Tuineje y Puerto del Rosario (la capital insular).
El órgano de gobierno y administración insular es el Cabildo, que tiene autonomía plena en los términos que establece la Constitución (REC 1978/2836) y su legislación específica conforme al artículo 32 del Estatuto de Autonomía de Canarias (aprobado por Ley Orgánica de 10 de agosto de 1982), que es su norma institucional básica.
-Historia:
El primer nombre de la isla conocido es el de Herbania, que hace referencia a la antigua muralla que dividía el territorio en dos y separaba las dos tribus indígenas que la habitaban. La muralla estaba situada en el istmo de la Pared: al norte se encontraban los seguidores de Ayoze y al sur los de Guize.
Más tarde, aparece la forma arcaica mahorero o majorero para denominar a los habitantes de la isla (término estrechamente relacionado con las cuevas que les sirvieron de morada: "majos" o "mohod"), así como los de Mahorato o Maxorata, invención culta y latinizante de la misma raíz acuñada para designar la tierra de los majoreros.
Es en el año 1339, en un mapa de Angelino Dulcet, donde aparece por vez primera el nombre de Forte Ventura.
Antes de la conquista castellana de la isla de Fuerteventura se llevaron a cabo una serie de expediciones por parte de mallorquines, catalanes, andalusíes, vascos y portugueses, en asociación con genoveses, florentinos, venecianos y otros navegantes y comerciantes de la Península Italiana, que partieron principalmente de los puertos peninsulares.
Es evidente que antes de las expediciones de los mallorquines en 1342 ya se conocía la existencia de las Islas, pues aparecían representadas en el mapa de Dulcet, famoso cartógrafo balear.
Jean de Béthencourt alcanza las islas orientales en 1402, y entra en Fuerteventura por el Puerto de la Peña (Ajuy).
El primer recuento de población, realizado entre 1440 y 1450, da un censo de 1.200 habitantes, concentrados básicamente en la capital y sus alrededores. Los primeros asentamientos se situaron en el Valle de la Vega de Río Palmas y Bentancuria. A principios del siglo XVI aparecen otros nuevos en el Valle de Santa Inés, los Llanos de La Concepción y posteriormente en Antigua.
La conquista de la isla duró unos tres años, pero no fueron años de violencia y enfrentamientos, sino más bien de paulatina convivencia pacífica y acomodo entre los conquistadores y conquistados. A mediados del siglo XVII se tienen noticias de que la ocupación territorial llega a la zona de El Cotillo, lo que hace suponer que ya era utilizado como refugio pesquero. Asimismo, hay noticias de la existencia de la ermita de Vallebrón.
Las frecuentes incursiones piratas que padeció la isla tenían como motivo el aprovisionamiento de agua y carne. Tan sólo tuvo carácter de invasión la capitaneada por Xabán de Arráez, en 1593; la isla quedó bajo dominio berberisco durante seis meses y, al finalizar éste, quedó destruida la capital y sus archivos. Ante el riesgo de posibles futuras incursiones se levantaron puntos de defensa como el del Barranco de la Torre, el de El Cotillo y la Caleta de Fustes.
Entre los siglos XV y XVI se producen diferentes ventas de los distintos señoríos y, a principios del siglo XVII, se consolida el Señorío de Fuerteventura con la casa de Arias y Saavedra, que, al igual que en la Península y el resto de las islas, se mantiene hasta la abolición de los señoríos por las Cortes de Cádiz.
El despegue económico de Fuerteventura se produce al final del siglo XVIII, con el inicio del comercio de la barrilla, la cochinilla, la orchilla, la cascarilla y el jicanejo, tras dos siglos de estéril esfuerzo centrado en la economía cerealista.
La barrilla es una especie vegetal que, al igual que el cosco, se recolectaba y dejaba secar para quemarse después, quedándose convertida en unas piedras negras y compactas llamadas "piedras de barrilla". En este estado se exportaba a Inglaterra, donde se obtenía la sosa para la fabricación de jabones.
La cochinilla es un insecto que vive y se desarrolla sobre las hojas de la tunera; luego se recoge, con unas cucharillas especiales, en un duro y meticuloso trabajo. De la cochinilla se obtiene un valioso carmín que se emplea para fabricar el lápiz de labios y para teñir telas. Durante el XIX se añade el comercio de la cal. Ello se traduce en la proliferación de hornos de cal.
Durante los siglos XVIII y XIX se conocen años de hambruna, provocados por notables sequías en la isla; esto da lugar a emigraciones importantes: primero hacia Gran Canaria y Tenerife, y posteriormente hacia el continente Americano (Montevideo, Buenos Aires, México, Venezuela y Cuba).
Hasta después de la Guerra Civil de 1936 se siguen roturando las tierras, realizando cadenas de piedras para evitar la erosión y aterrazando el suelo para cultivar. Se fomentan las actividades de intercambio comercial, haciendo de Puerto Cabras la capital insular, promoviéndose el desarrollo del norte y la creación del primer puerto mercantil. También se abre el puerto de Gran Tarajal, que favorece la producción y exportación del tomate.
La aparición del fenómeno turístico invierte el sentido demográfico. La tradicional ocupación en el interior se desplaza hacia las costas, hecho éste que se traduce en una transformación social importante.