65/ Garachico


Garachico es un pueblo anclado a la orilla del Atlántico, distante de la capital tinerfeña poco más de sesenta Kilómetros. En él se paró un día la vida porque lo sepultó el volcán de Trevejo. Pero después de 1706, que fue la fecha aciaga, resurgió de sus cenizas y hoy se nos presenta en todo su encanto, con una arquitectura irrepetible, en la que no sólo se ofrecen iglesias y conventos de otros días, sino una serie de casas particulares de gran porte, con patios interiores de gran amplitud, portadas irrepetibles y zaguanes sombríos que dan a la edificación una singularidad verdaderamente notable.
El mar es uno de sus principales encantos. No en vano tiene piscinas, playas y caletas abrigadas, que ofrecen un baño reparador y sosegado. Y luego, como contraste, puede el visitante acercarse hasta el bosque de pinos de La Montañeta, donde la arena de los viejos volcanes contrastan con el verde de un pinar inmenso que se acerca hasta El Teide.
Garachico cuidó siempre su entorno y protegió, en todo momento, las más diversas manifestaciones culturales. Todo ello llevó al gobierno de la nación a concederle la Medalla de Oro de las Bellas Artes, que S. M. el Rey le entregó en 1980.
Una visita a Garachico parece obligada para quienes tengan de la belleza y el sosiego un lema de sus vidas.