74/ La Matanza de Acentejo


Las tierras matanceras son desde época aborigen una zona de buenos recursos naturales y clima agradable, peculiaridades que favorecían la existencia de poblados guanches que se extendían por todo Acentejo, denominación esta que según los expertos usaban los primeros pobladores para referirse a la zona. No obstante, el municipio como tal debe su nombre, La Matanza de Acentejo, a un acontecimiento histórico de crucial importancia en la historia de Tenerife, puesto que el mismo constituyó el punto de inflexión definitivo en el encuentro entre la cultura aborigen de los primitivos pobladores de Tenerife, y la de los castellanos en su lucha por conquistar la Isla. La historia de La Matanza arranca pues en la célebre Batalla de Acentejo, acontecida en los barrancos, descampados, montes y costa que salpican la geografía local. Transcurría la primavera del año 1494 cuando las tropas del conquistador castellano Alonso Fernández de Lugo comenzaron a avanzar hacia el interior de la Isla de Tenerife desde su campamento fortificado, ubicado en Santa Cruz. El objetivo no era otro que vencer a los menceyes rebeldes liderados por Benchomo, contrarios a la conquista de sus tierras, y finalizar de una vez por todas la adhesión de Tenerife a la Corona de Castilla, comenzada años atrás.
Según narra el historiador José de Viera y Clavijo en su Historia de Canarias "... la tranquilidad que se respiraba aquel día comenzó a intranquilizar a los soldados castellanos, que al internarse en el Barranco de Acentejo sintieron como caían sobre sus cabezas la pesada loza de los guerreros guanches. Haciendo alarde de una planificada estrategia, los guanches vencieron sin dificultad a los 150 jinetes y 1.500 infantes, unas tropas absolutamente desconcertadas que dejaron su vida en el intento".
Aunque existen algunas leves diferencias en cuanto al punto exacto en el que se desarrolla la contienda, la mayor parte de los expertos coinciden en señalar al Barranco de Acentejo y sus alrededores, desde la franja de medianías hasta la costa, como el lugar de la Batalla, de ahí que dicho entorno, salpicado por cuevas guanches de habitación y enterramiento, así como por una rica muestra de la fauna y la vegetación local, constituyan uno de los lugares de visita obligada gracias a los senderos existentes.