22/4/08

75/ El Sauzal.


Está situado en el norte de la isla de Tenerife, ocupando una superficie de 18,31 km² y estando su capital emplazada a una altitud de 300 metros sobre el nivel del mar.
El origen del nombre del municipio se debe a la gran cantidad de sauces (Salix Canariensis) que existían en la zona, antiguamente conocida por el nombre de El Sauzalejo.[1] Fiel testigo de aquellos tiempos, aún hoy se consevan algunos ejemplares en el parque de Los Lavaderos o en el cauce de algunos barrancos.
El municipio recibe el nombre de la capital municipal, pueblo dedicado por entero a las labores agrícolas, cuyas calles son un bello ejemplo de la arquitectura tradicional canaria. La Iglesia de San Pedro apostoly la Ermita de Los Ángeles, ambos del siglo XVI, son dos importantes muestras de los monumentos que aún hoy se conservan.
En el municipio se encuentra el Parque de Los Lavaderos y también la Casa del Vino en la Baranda, que cuenta con museo, centro de exposiciones, sala de degustaciones, tienda y restaurante. Este museo es propiedad del Cabildo Insular de Tenerife.
Dentro del término municipal, su extremo sur se incluye dentro de un espacio natural que abarca varios municipios limítrofes, denominado Laderas de Santa Úrsula, Los Órganos, altos del Valle de Güímar y monte de La Esperanza. Todo él constituye un paraje boscoso de gran interés paisajístico y ecológico.
En el otro extremo del municipio, en su franja costera, se halla el espacio natural protegido de los Acantilados de El Sauzal y Tacoronte, un enclave donde se refugian numerosas aves marinas, siendo también de interés botánico dados los curiosos endemismos que pueden encontrarse.

74/ La Matanza de Acentejo


Las tierras matanceras son desde época aborigen una zona de buenos recursos naturales y clima agradable, peculiaridades que favorecían la existencia de poblados guanches que se extendían por todo Acentejo, denominación esta que según los expertos usaban los primeros pobladores para referirse a la zona. No obstante, el municipio como tal debe su nombre, La Matanza de Acentejo, a un acontecimiento histórico de crucial importancia en la historia de Tenerife, puesto que el mismo constituyó el punto de inflexión definitivo en el encuentro entre la cultura aborigen de los primitivos pobladores de Tenerife, y la de los castellanos en su lucha por conquistar la Isla. La historia de La Matanza arranca pues en la célebre Batalla de Acentejo, acontecida en los barrancos, descampados, montes y costa que salpican la geografía local. Transcurría la primavera del año 1494 cuando las tropas del conquistador castellano Alonso Fernández de Lugo comenzaron a avanzar hacia el interior de la Isla de Tenerife desde su campamento fortificado, ubicado en Santa Cruz. El objetivo no era otro que vencer a los menceyes rebeldes liderados por Benchomo, contrarios a la conquista de sus tierras, y finalizar de una vez por todas la adhesión de Tenerife a la Corona de Castilla, comenzada años atrás.
Según narra el historiador José de Viera y Clavijo en su Historia de Canarias "... la tranquilidad que se respiraba aquel día comenzó a intranquilizar a los soldados castellanos, que al internarse en el Barranco de Acentejo sintieron como caían sobre sus cabezas la pesada loza de los guerreros guanches. Haciendo alarde de una planificada estrategia, los guanches vencieron sin dificultad a los 150 jinetes y 1.500 infantes, unas tropas absolutamente desconcertadas que dejaron su vida en el intento".
Aunque existen algunas leves diferencias en cuanto al punto exacto en el que se desarrolla la contienda, la mayor parte de los expertos coinciden en señalar al Barranco de Acentejo y sus alrededores, desde la franja de medianías hasta la costa, como el lugar de la Batalla, de ahí que dicho entorno, salpicado por cuevas guanches de habitación y enterramiento, así como por una rica muestra de la fauna y la vegetación local, constituyan uno de los lugares de visita obligada gracias a los senderos existentes.

73/ La Victoria de Acentejo


En época anterior a la conquista de Tenerife, el lugar donde se asienta en la actualidad el pueblo de La Victoria de Acentejo pertenecía al Menceyato de Taoro. Esta comarca era conocida por los guanches como Acentejo. Por tanto, la denominación actual de municipio dada por los castellanos se remonta a finales del siglo XV, en relación a un acontecimiento bélico. El 25 de diciembre de 1495 tuvo lugar una de las batallas que el Adelantado Alonso Fernández de Lugo libró contra los guanches. Tras muchas horas de lucha, resultaron derrotados los de Tenerife, mientras que los castellanos daban gritos de ¡Victoria!, ¡Victoria!.

Alonso Fernández de Lugo, conquistador de Tenerife, en agradecimiento al triunfo obtenido, prometió levantar en aquel lugar una ermita en honor a la Reina de los Ángeles, bajo la advocación de Nuestra Señora de la Victoria. Ese día de Navidad se celebró una misa junto a un pino allí existente y que aún hoy pervive.


Es a partir de 1812 cuando las cortes liberales de Cádiz dan luz a la constitución que facultaba a todos los lugares que tuvieran parroquia a constituirse en municipios independientes. La Victoria de Acentejo accede a la independencia municipal presumiblemente en 1813, aunque este dato no puede ser contrastado debido a la desaparición de los archivos municipales a causa de un incendio a principios del siglo XIX. Desde estas fechas, pues, el pueblo cuenta con Ayuntamiento propio. En 1900 se le concedió el título de Villa gracias a las gestiones del entonces párroco don Norberto Pérez Díaz. En 1906 visitó el pueblo S.M. el Rey Afonso XII, a quién se le pidió un puente para unir este pueblo con Santa Ursula y que hoy es conocido por el puente de hierro, que une ambos municipios salvando el barranco hondo. En 1922 se instaló el teléfono, por la influencia del presidente del Cabildo Insular de Tenerife, don Domindo Salazar y Cólogan. En 1932 don Manuel Pérez instaló la luz eléctrica. El actual edificio de la casa consistorial fue inagurado en 1981. Se construyó en un solar utilizado anteriormente como campo de lucha. El proyecto fue financiado por el Ministro de Obras Publicas y su arquitectura responde a conceptos tradicionales canarios.

12/4/08

72/ Lucha del garrote




La Lucha del Garrote Canario, fue un recurso defensivo de los antiguos canarios, los Guanches, que eran eminentemente pastores. La pugna por los mejores pastos y los continuos robos de ganado les permitió desarrollar un sistema de combate con la herramienta que usaban para trasladarse con sus ganados por la orografía de las islas, su Garrote o Lanza de pastor. Esta técnica de combate se fue perfeccionando en los enfrentamientos contra piratas y conquistadores. Transmitida de generación en generación en núcleos reducidos o familiares, siempre ligado al mundo de los cabreros, es rescatada en la década de los años ochenta del pasado siglo, por Don Jorge Domínguez Naranjo, que recopiló, ordenó y catalogó las técnicas, desarrollando un método de enseñanza y entrenamiento. En la actualidad existe la Federación de Lucha del Garrote Canario, que integra a los club o Pilas de esta modalidad autóctona de combate, realizando actividades como la formación de técnicos deportivos, escuelas municipales para actividades extraescolares, exhibiciones, cursos, jornadas técnicas, o las competiciones deportivas, que ha permitido que este recurso defensivo de los Guanches, se halla convertido en uno de los deportes canarios de combate de mayor proyección internacional, prueba de ello es el título de Campeones de Europa en Técnicas con Armas 2001 obtenido por nuestros garrotistas.