7/5/08

81/ Tegueste


El Menceyato de Tegueste, uno de los nueve en los que se dividía la isla de Tenerife antes de la conquista, se extendía desde las estribaciones del macizo de Anaga a los altos del Portezuelo y ocupaba los actuales pueblos de Valle de Guerra, Tejina, Bajamar, Punta del Hidalgo, así como el municipio de Tegueste y La Laguna. Con la llegada de los castellanos a Tenerife y vista la determinación de conquista con la que venían, el menceyato de Tegueste, se une a los de Taoro y Tacoronte, que inicialmente formarán en los "bandos de guerra", uniéndose posteriormente Icodem y Daute, enfrentándose a los conquistadores para preservar sus vidas y su libertad. En unión a estos combatirá en las batallas de Acentejo - la Matanza y la Victoria - y de La Laguna. Dentro del menceyato se sucederán escaramuzas al intentar surtirse los castellanos de víveres y ganado. Según algunas fuentes, en la zona de Las Peñuelas se produjo una batalla entre conquistadores y guanches. En el año 1496 cuando se finaliza la conquista de la isla, permanecerán los alzados guanches en las montañas durante más de veinte años.
La sustitución de la cultura guanche, aunque en algunos aspectos se fusione con la de los colonizadores, fue un cambio cultural brusco, un choque entre una cultura, en cierta medida, neolítica y otra inmersa en el tránsito de la Edad Media a la Moderna.
La importancia del menceyato de Tegueste, anterior a la conquista, se ha puesto de manifiesto con las excavaciones arqueológicas realizadas en numerosos puntos del Barranco de Agua de Dios, sobre todo en el lugar conocido por "Los Cabezazos", actualmente declarada "Zona de Patrimonio Arqueológico" con la presencia de necrópolis, cuevas de hábitat y utensilios. Además estudios actuales han destacado la esperanza de vida y la población en este menceyato.
El repartimiento de tierras, por parte del Adelantado, por medio de datas, produce la transformación de un medio natural que prácticamente estaba intacto. En las datas, se concede a conquistadores, auxiliares y posteriormente colonos, el aprovechamiento de tierras, aguas, pastos, bosques, etc.. En los repartimientos del menceyato de Tegueste destacan Fernando de Llerena, Guillén Castellano, Juan de Almansa, Francisco Melián, Gonzalo del Castillo, Fernando de Molina, Juan Zapata; algunos de estos nombres han quedado como topónimos de nuestro pueblo.
Tenemos constancia de que los primeros aprovechamientos son la tala de árboles en Pedro Álvarez y la extracción de piedra de cantería en El Portezuelo, para la construcción de edificios en la ciudad de La Laguna.
El siguiente dato de importancia, que saca a Tegueste del olvido nos lleva a la reunión del Cabildo Insular, en el año 1582, huyendo de la epidemia de peste que azota a la isla y que Tegueste, por su situación geográfica, consigue evitar.
Un punto de especial interés es el referido a la iglesia de San Marcos Evangelista, que es erigida en parroquia en el año 1606. El libro de fábrica cita la construcción de la primitiva iglesia antes de 1530, iglesia que tuvo concedido un curato desde el momento de su construcción.
Con la proclamación por las Cortes de Cádiz, de la Constitución de 1812, que contempla la creación de los ayuntamientos constitucionales. El municipio de Tegueste ocupará el espacio delimitado con anterioridad por la parroquia. Y es en 1813, cuando comienza la historia del Ayuntamiento de Tegueste.
Posteriormente la presencia del Prebendado Pacheco, cura-párroco, impulsor de la cultura y el desarrollo de Tegueste, con la primera alfabetización de los teguesteros, y que además impulsa la construcción del ayuntamiento, cementerio y casa mortuoria. Su labor marcará un hito en los años cuarenta del siglo XIX.
El municipio estuvo hasta bien entrado el siglo XX, subsistiendo de la agricultura y la ganadería. La desamortización de Mendizabal, unida a la fuerte emigración, hacen que la propiedad se concentre en pocas manos, las de propietarios absentistas, que por interés frenarán el desarrollo de la propia agricultura y de los mismos habitantes. Los agricultores que quedan son pequeños propietarios, arrendatarios y medianeros de los terratenientes que residían en otros lugares.
- Juan Elesmí de León Santana

3/5/08

80/ AGAETE


El territorio que hoy conforma el municipio de Agaete constituye un valle que reúne en muy corto espacio gran cantidad de recursos, por lo que no es de extrañar que en este lugar se asentara ya desde época precolonial una importante comunidad de población. Prueba de ello son los numerosos yacimientos arqueológicos existentes en la zona, entre los que podemos encontrar todo tipo de estructuras y restos materiales pertenecientes a la antigua población insular.
AGAETE
Datos del municipio
Superficie: 45,5 km.2
Población: 5.613 hab.
Longitud del litoral: 11,74 km.
Altitud capital municipio: 43 mts.
Altitud máxima: 1.440 mts.
Las casas de piedra seca de los altos de Guayedra, de la playa de El Risco, de La Palmita o de Tirma, junto con las cuevas de habitación naturales y artificiales del Risco de la Escalera y del Andén de las Cuevas, nos hablan del tipo de viviendas que estas gentes utilizaban. Los graneros excavados en la roca de Bisbique, en el Valle, Las Peñas, en Agaete, o el de la Cueva del Moro, en el barranco del Juncal, nos llevan a pensar en una economía basada en la siembra, recogida y almacenamiento de los cereales. Los distintos tipos de enterramientos en cuevas, como en el Roque Antigafo, y tumulares, como los de Guayedra, el Juncal, el Lomo de Troya o la espectacular necrópolis del Maipés de Agaete, con más de 600 estructuras funerarias, nos informan de las distintas actitudes que frente a la muerte tenía la población aborigen de la zona. Con todo, el período anterior a la conquista y colonización de la zona se nos presenta como rico y complejo, quedando al día de hoy mucho por investigar. En 1478, las fuerzas castellanas, al mando de Juan Rejón, entran por el puerto natural que se formaba en Agaete, para dar comienzo a la conquista de la isla. Pedro de Vera, que sustituye a Juan Rejón en 1480, manda a construir en Agaete una torre o fortaleza, la Casa Fuerte, que serviría de centro de operaciones al gobernador y alcaide Alonso Fernández de Lugo para organizar la conquista de Gran Canaria. Desde este momento, este enclave costero pasa a tener el nombre de Puerto de Las Nieves, devoción que trajo consigo Fernández de Lugo. Finalizadas las contiendas bélicas, y a partir del triunfo castellano, se instala un nuevo orden económico y social, pasando la mayor parte del territorio de Agaete, tras los repartimientos, a manos del genovés Antón Cerezo. Este núcleo surge a partir del trazado del poblado aborigen, situado, posiblemente en el mismo lugar en que hoy se asienta el casco urbano de Agaete. En este momento pasan a formar parte de la población de la zona, entre otros, genoveses, castellanos y la población aborigen que supervivió, integrando todos una sociedad que basó su economía en las labores agrícolas. El cultivo de la caña de azúcar fue introducido tempranamente en la zona, detentando el ingenio azucarero de Agaete Antón Cerezo y Sancha Díaz de Surita. La buena marcha de esta actividad permitió un rápido repoblamiento de la zona, gracias a la demanda de mano de obra, tanto asalariada como esclava, y conectó al Puerto de las Nieves con los mercados europeos. Las buenas expectativas económicas generadas por el cultivo y exportación de la caña de azúcar no tardaron en desaparecer, debido a la quiebra de los mercados tradicionales por la competencia del azúcar americano. A partir de estos momentos, y durante el siglo XVII, nacen cortijos y haciendas que ejercen una atracción de población trabajadora, dando así lugar al surgimiento de los principales núcleos de población que conformaron el municipio, tal es caso de El Valle, El Sao, EL Hornillo, o Guayedra. En este sentido podemos observar una distribución de la población en base a la localización de los recursos. Así, la mayor parte se asentó por debajo de los trescientos metros sobre el nivel del mar, donde se encontraban las tierras mas llanas y fértiles. Al contrario que en resto de los municipios del norte, sólo encontramos un núcleo de población en las medianías, El Hornillo, cuya población se dedicó a la agricultura de subsistencia y al pastoreo. La agricultura siguió siendo durante los siglos posteriores el motor de la economía de Agaete, experimentando un impulso a partir del siglo XIX con la introducción del cultivo de la cochinilla y, posteriormente, del tomate. En este siglo se produce la construcción del antiguo muelle, con lo cual se hace más fluido el comercio con el resto de las Islas y, en especial, con Tenerife, desarrollándose, a partir del mismo, una burguesía comercial que, junto con la terratenencia agraria, conforma la élite del municipio. Debido a la escasez de agua y al avance urbanístico, en los últimos años la actividad agraria ha cedido terreno a favor de las actividades terciarias, sobre todo hostelería y restauración, fruto del desarrollo turístico experimentado en la Isla. La actividad pesquera artesanal de Agaete fue igualmente importante hasta hace pocos años. En la actualidad se encuentra en retroceso. La construcción de un puerto con orientación comercial ha convertido a la Villa en la vía más importante de comunicación marítima de Gran Canaria con la isla de Tenerife. Como ya se dijo, son muchos los restos aborígenes que salpican el territorio del municipio. En este sentido, cabe destacar los restos del poblado de Majada de Altavaca, en Guayedra, la necrópolis del Maipés de Agaete y el complejo de las Cuevas de Bisbique, en el camino que sube de San Pedro a Tamadaba. El núcleo urbano de Agaete se configura a partir del primitivo asentamiento aborigen, en la margen izquierda del barranco del mismo nombre. En el mismo destacan la Iglesia de Nuestra Señora de la Concepción, la Ermita de San Sebastián y el Huerto de Las Flores. No conocemos la fecha exacta de la construcción de la primitiva Iglesia de la Concepción, si bien en las Constituciones Sinodales de 1514 y 1515, del obispo Vázquez de Arce, se halla una referencia a la misma. Esta antigua iglesia se incendia en 1874, iniciándose en ese año la construcción del actual templo, frente a los solares que aquella ocupaba. El 18 de octubre se coloca la primera piedra del edificio, colaborando el pueblo de Agaete gratuitamente en su construcción. Se trata de una Iglesia de estilo neoclásico, dividida en tres naves. La fachada de la nave central está rematada por un frontón triangular realizado en cantería roja de la zona y, las dos laterales, por sendas torres. La Ermita de San Sebastián está situada en el barrio del mismo nombre, en las cercanías del centro urbano de la Villa. Fue construida en el siglo XVII por el capitán Alonso Imperial, dentro de un estilo mudéjar que se aprecia en la techumbre a tres aguas y en el artesonado interior, decorado y realizado en madera. En su interior se encuentra la imagen escultórica más importante del municipio; representa a San Sebastián y fue realizada por el escultor Luján Pérez. En uno de los callejones del centro de Agaete, y junto al barranco, se encuentra el jardín botánico conocido como Huerto de Las Flores. Éste fue mandado a construir en el siglo XIX por la familia Armas, una de las que detentaba el poder económico del municipio. En su interior podemos disfrutar de ciento cinco variedades de plantas exóticas procedentes de todo el mundo. Este fue el lugar elegido por artistas para realizar sus tertulias culturales en las primeras décadas del siglo. Entre ellos podemos destacar las figuras de Tomás Morales, Alonso Quesada y Saulo Torón. Tras su adquisición por parte del Ayuntamiento en 1975, recupera su función cultural, acogiendo este lugar conciertos musicales, obras de teatro… Además de la visita a estos lugares, un recorrido por Agaete no puede quedar sin un paseo por los callejones que escalan la ladera sobre la que se asienta el pueblo, y donde podremos contemplar bonitos ejemplos de la arquitectura popular, que destaca por el empleo del color blanco en la fachada y el marrón, verde o azul en puertas y ventanas, además de darnos la posibilidad de admirar el privilegiado entorno natural en el que se encuentra el pueblo. Hacia el interior, los riscos de Tamadaba y, hacia la costa, el Roque Antigafo Bajo, el que se encuentra en el Puerto de Las Nieves. Fuera ya del núcleo urbano, en dirección al Valle, podemos observar la Hacienda de los Manrique de Lara, mansión de una de las mayores familias terratenientes de la zona. Continuando hacia el interior, destaca la variedad de elementos característicos de un paisaje rural empequeñecido por la grandiosidad de los riscos del Pinar de Tamadaba, bajo el que observamos los barrios de San Pedro y La Vecindad de Enfrente, parcelas de cultivo, estanques, pozos y acequias. Los molinos hidráulicos situados en el pequeño núcleo de El Sao son una muestra más de este tipo de construcciones desarrollados en el seno de una cultura tradicional de base agraria. Hoy día ninguno de estos molinos, construidos en el siglo pasado para hacer frente a la demanda de cereales producida por el incremento de población, se encuentra en funcionamiento. Hacia la costa, en dirección al Puerto de las Nieves, está la llamada Casa Fuerte de Agaete. Esta fue mandada a construir por Pedro de Vera para acometer la conquista militar del Norte de Gran Canaria en 1481. El alcalde de la misma fue Alonso Fernández de Lugo, que vivió en ella hasta 1485, cuando ya la conquista de la Isla había finalizado. Este edificio, caracterizado por modificaciones y ampliaciones a lo largo de la historia, fue incoado en 1991, para su declaración como Bien de Interés Cultural, y en la actualidad se encuentra abandonado. En Las Nieves, pequeño núcleo pesquero, enclavado en una zona de playas entre los grandes acantilados de la costa oeste de Gran Canaria, en la actualidad en proceso de crecimiento debido, por un lado, a su atractivo turístico y, por otro, al reciente puerto comercial, se sitúa la Ermita de Nuestra señora de Las Nieves. Ésta fue mandada a construir, en la segunda mitad del siglo XVI, por Francisco Palomares, descendiente de Antón Cerezo y Sancha Días de Zurita. La ermita fue ampliada por la familia Armas en el siglo pasado, construyendo una torre a cada lado de la fachada. En el interior de esta construcción se encuentra la tabla flamenca de la Virgen de Las Nieves, uno de los máximos exponentes de arte flamenco del siglo XVI en Canarias. La obra se atribuye al pintor flamenco Joos Van Cleve y fue encargada por Antón Cerezo y Sancha Díaz. Durante la festividad de la Virgen de Las Nieves, del 3 al 17 de agosto, se celebra una de las fiestas más importantes de la Isla, la Rama, que atrae a miles de personas de todo el Archipiélago. Otras fiestas importantes del municipio de Agaete son las de San Pedro, en el Valle, celebradas el 29 de junio, o las de la Concepción, en diciembre, y San Sebastián, en enero.

79/ La Laguna


Las tropas del Adelantado Alonso Fernández de Lugo (¿?-1525) vencieron, en julio de 1496, a la última resistencia guanche en El Realejo. Con ello acaba la conquista de Tenerife, que fue incorporada a la Corona de Castilla.
Tras la derrota de los guanches se fundó en 1497, en Aguere (topónimo aborigen que significa “la laguna”), la población de San Cristóbal de La Laguna. Desde el 26 de junio de ese año consta ya documentalmente el nombre de Villa de San Cristóbal. Se decidió emplazarla en el lugar que ocupa por estar situada lejos de la costa y así evitar ataques piratas; porque era lugar de paso para quienes se trasladaban de una vertiente a otra de la isla; por su clima y suelo fértil para cultivos y pastos; y por la existencia de agua potable en las inmediaciones.
El primer asentamiento, integrado por casas pajizas, se realizó en torno a la actual Iglesia de Nuestra Señora de La Concepción, configurándose la denominada “Villa de arriba”. La organización urbana inicial adoleció de planificación. En vista de la afluencia de pobladores, el Cabildo acordó, el 24 de abril de 1500, trazar un plano de ensanche en dirección sur, hacia lo que sería la “Villa de abajo”, estableciendo una cuadrícula de calles ordenadas según la planimetría que imperaba en Europa en ese momento. Asimismo, se prohibió hacer casas y comerciar en la “Villa de Arriba”, con el fin de garantizar la expansión hacia el sur.
Con esta medida adoptada por el Cabildo se perseguía crear una ciudad ordenada al modo renacentista. El casco histórico de la ciudad quedó configurado definitivamente a finales del siglo XVI, tal y como se observa en el primer plano que se conserva de la ciudad, realizado en 1588 por el ingeniero italiano Leonardo Torriani.
El 23 de marzo de 1510, por real cédula, la reina Doña Juana I de Castilla concedió al Ayuntamiento el privilegio de escudo de armas, que representa al Arcángel San Miguel dominando una peña que simboliza al Teide. El 20 de enero de 1531, Carlos I, por real cédula, concedía a San Cristóbal de La Laguna el título de Ciudad. El epíteto de Noble le fue concedido por otro real título de 8 de septiembre de 1534; mientras que desde 1964 ostenta, además, los títulos de Muy Noble, Leal, Fiel y de Ilustre Historia.
Una de las instituciones que reflejan la plenitud de la ciudadanía y de la autoridad municipal desde la fundación de La Laguna es el Cabildo Insular, reunido en un principio en la Iglesia de Nuestra Señora de La Concepción, con posterioridad en la Ermita de San Miguel y desde 1547 en las Casas Consistoriales.
En el apartado religioso, los ejemplos de arquitectura religiosa se observan en cada esquina, cada calle, con multitud de ermitas, cruces, calvarios, capillas, iglesias y conventos, empezándose a edificar estos últimos a principios del siglo XVI.
La Laguna también es sede de antiguas instituciones culturales como la Universidad de San Fernando (1792), y de instituciones eclesiásticas como el Obispado, establecido en la ciudad desde 1818. Precisamente durante esta centuria (siglo XIX), se amplió el perímetro urbanizado de la ciudad, todo ello sin afectar el orgullo de su pasado histórico ni frenar su desarrollo hacia el futuro.
A partir del siglo XIX La Laguna, como consecuencia del desarrollo económico de Santa Cruz de Tenerife, vio mermados sus privilegios y prerrogativas hasta que en 1843 perdió la condición de capital, que pasó a ostentar Santa Cruz. Sin embargo, sigue ostentando su condición de capitalidad cultural, reforzada con el reconocimiento internacional de su conjunto histórico como Patrimonio de la Humanidad


San Cristóbal de La Laguna tiene un valor universal y excepcional por la concepción de su plano. Este conjunto histórico, es el arquetipo de la ciudad-territorio. Es el primer ejemplo de ciudad no fortificada, concebido y construido según un plano inspirado en la navegación, la ciencia de la época. Su espacio está organizado según un nuevo orden social pacífico inspirado por la doctrina religiosa del milenio que suscita el año 1500.
El plano de la ciudad se lee como el «mapa estelar», en que los puntos corresponden con puntos particulares de la ciudad y a las relaciones entre ciertos de estos puntos y un todo. Tiene un significado simbólico y se interpreta como una carta marina o un mapa de constelaciones de la época.
Todo ello lleva a que el 2 de diciembre de 1999, el Comité del Patrimonio Mundial de la U.N.E.S.C.O. reunido en Marrakech (Marruecos) hiciera pública su aprobación del título de Patrimonio de la Humanidad para la ciudad de San Cristóbal de La Laguna, Tenerife. El Comité del Patrimonio Mundial justifica esta distinción basándose fundamentalmente en los siguientes criterios:
* La Laguna es un conjunto histórico arquetipo de la «ciudad-territorio», primer ejemplo de ciudad colonial no fortificada y precedente directo de las nuevas fundaciones americanas.* Fue trazada a partir de un complejo proyecto, basado en principios filosóficos, realizado gracias a los conocimientos de la navegación, la ciencia de su época.* Su trazado original, del año 1500, ha permanecido intacto desde su creación.* Conserva en buen estado cerca de seiscientos edificios de arquitectura mudéjar.* La Laguna es un ejemplo vivo del intercambio de influencias entre la cultura europea y la cultura americana con la que ha mantenido un vínculo constante.
Esta distinción mundial a los valores de La Laguna, que la reconoce como ciudad ideal, ciudad de paz, recompensa no sólo el esfuerzo realizado durante los últimos dicienueve años por las diferentes Administraciones que han patrocinado el proyecto, sino que es un reconocimiento a todos los habitantes que durante estos quinientos años han amado y cuidado esta ciudad.

78/ Arrastre de ganado


El arrastre de pesos con ganado vacuno mediante la utilización de corsas era una necesidad laboral que se daba en situaciones en que las carretas no eran operativas, por ejemplo en la construcción de paredes de piedra en lugares de terreno poco firme para las ruedas o el transporte de mercancías sobre los precarios y fácilmente deteriorables empedrados de las ciudades y pueblos de las Islas. En Canarias, de forma similar a como se ha dado en otros lugares, esta necesidad se manifestó también como una expansión deportiva competitiva, probablemente primero en determinados momentos de la faena diaria y luego en fiestas y celebraciones populares, que es cuando se hace evidente.

Es imposible saber cuando se iniciaron en las Islas las competencias de arrastre, aunque muy probablemente desde el primer momento en que se introdujo la práctica laboral. Sin embargo, la constancia en el pasado de tal tipo de arrastre "deportivo", no laboral, es escasa y relativamente reciente, todo lo más de finales del s. XIX , concretamente en La Laguna y en relación con las Fiestas del Cristo y los primeros concursos de ganado registrados. De esta manera, y con la salvedad de algunos casos puntuales, esta práctica en su sentido deportivo se mantuvo en ámbitos muy cerrados y casi exclusivamente ganaderos, basada en apuestas mayoritariamente privadas y en esporádicas competiciones o exhibiciones en ferias y concursos de ganado que muchas veces pretendían mostrar las excelencias del ganado de trabajo con vistas a su venta, hasta que en los años 80 se incorporó a la dinámica de institucionalización de los juegos y deportes tradicionales.

Esta especial y cercana vinculación al mundo ganadero y agrícola, ha dado lugar a un tipo de "arrastre deportivo" en Canarias muy característico y diferenciado de otros más conocidos, por ejemplo el arrastre vasco. Puesto que se caracteriza por primar la maestría del boyero o guayero en el control de las yuntas y la obediencia y entrenamiento de los animales a la hora de cubrir el considerablemente largo trayecto de competición en el menor tiempo posible, sobre la mera cuestión de la cantidad de kilos que se muevan, que es precisamente lo que más se valora en la mayoría las prácticas asimilables de otros lugares.

2/5/08

77/ Tacoronte


Tacoronte se encuentra en la ladera Norte de la Isla de Tenerife, se extiende desde el mar, donde existen importantes acantilados, hasta la cordillera dorsal alcanzando una altura de 1200 metros de altura.
El municipio limita con El Sauzal, El Rosario y La Laguna. Tacoronte por tanto es muy accidentado, presentado importantes desniveles entre un barrio y otro, donde además en zonas de medianías, sobre los 400 y 800 metros de altitud aparece una franja en la que debido a las buenas condiciones del clima y bondad de los suelos, es muy propicia la agricultura, su máximo estandarte lo representa el cultivo de la vid que producen caldos de prestigio internacional, junto con hortalizas y otros productos en su mayor parte de secano.
Agua García se encuentra una importante reserva de Laurisilva, especie que ha desaparecido de otros continentes, y que se conserva en un bosque conocido además por sus especies únicas de fauna y flora.
El municipio ha crecido de manera espectacular en el último medio siglo doblando su población hasta situarse en la actualidad en torno a los 19.000 habitantes.
Tacoronte se extiende caprichosamente a lo largo de las carreteras y caminos que se han ido construyendo aunque tiene otros barrios de gran importancia por su antigüedad, como es: El Casco Urbano constituido por Santa Catalina (núcleo fundacional de la Ciudad), El Calvario y El Cristo, San Jerónimo, San Juan, La Caridad, a los que en los últimos años se han ido sumando otros núcleos de gran importancia como Agua García y Barranco Lajas, Los Naranjeros, Lomo Colorado y otros.
Historia de Tacoronte:
Cuentan que Tenerife antes de la llegada de los conquistadores estaban gobernada por un sólo rey asentado en el sur de la Isla. Sus nueve hijos repartieron la isla en Menceyatos. Tacoronte fue uno de ellos y estuvo regentado por el Menecey Acaymo. Los pobladores prehistóricos de Tacoronte vivían en cuevas, muy cerca de la costa en grutas naturales que usaban como viviendas en zonas del municipio que no supera los 500 metros de altura, probablemente para beneficiarse del buen clima de la zona y aprovechando los acantilados para refugiarse de los posibles peligros.
Las zonas más poblada en esta época en Tacoronte, por tanto, eran Juan Fernández, Guayonje y los acantilados del Pris y la Mesa del Mar. Los Guanches, como se llamaban los antiguos pobladores de Canarias, en Tacoronte se dedicaban fundamentalmente al pastoreo. La mayor parte de la población Guanche de Tacoronte se asentaba al norte del Menceyato puesto que allí se concentraban la mayor parte del pasto para sus rebaños y agua, fundamental para la vida humana.
El fundador de Tacoronte fue Sebastián Machado que provenía de Guimarâes, en 1496 fija su residencia en Tacoronte y un año después, en Octubre de 1497 aparece las primeras datas de repartición de tierras en Tacoronte por lo que se conmemora los 500 años de historia en este año.
La primitiva ermita, Santa Catalina la fundaron los vecinos y Sebastián Machado aunque en los libros parroquiales aparece como mayordomo el propio Machado. El escudo de la ciudad hace clara referencia a la casa del fundador de Tacoronte , con cinco hachas sobre campo de gules, dispuestas de distinta manera, además de la corona heráldica, galón de oro adornado con hojas de vid en clara referencia a su importancia vinatera y de tierras fértiles así como la inscripción TAGORO nombre originario de la ciudad. y sobre él una corona real.
Según textos de Sergio Bonet Suárez, cronista oficial del municipio, Tacoronte crece a partir del pequeño centro urbano de Santa Catalina a medida que se roturaban nuevas tierras ganadas a los bosques de pinos y acudían nuevos pobladores. Así se formaron otros pequeños núcleos como San Jerónimo, San Juan, La Placeta, La Caridad y otros. En el siglo XVI un padrón censal realizado en el municipio constataba que Tacoronte residían 342 almas, en 1629 un documento de la Inquisición de Canarias daba una población de 300 vecinos. A finales del siglo XVII poblaban el municipio 2,780 vecinos que habitaban más de 600 casas.
En ese mismo centenio se edificó la Alhóndiga, lugar dedicado a almacén de cereales para los vecinos, con cuyas ganancias se fabricaron los graneros, la cárcel en sus bajos y la conducción de aguas para el consumo. En el siglo XVIII Tacoronte gozaba de una organización de milicias territoriales, regimiento de infantería y una compañía de "a caballos".
En 1797 cuando Nelson atacó Santa Cruz de Tenerife el ejercito establecido en Tacoronte contribuyó junto a otros a la defensa de la Isla.
En el siglo XIX el padrón de habitantes asegura que en el municipio residen 816 habitantes y alrededor de 800 casas, dos escuelas, fuente de Agua Corriente y Ayuntamiento. Tacoronte en el siglo pasado producía Trigo, Cebada, avena, Centeno, maíz Garbanzos, patatas , vino, lanas, queso, miel, cera y pesca.
En 1812 se constituye, de igual modo que en otros lugares de la isla en municipio, es de resaltar en el siglo XIX la fuerte cantidad de tributos que pagaban los vecinos así como la importante emigración a América.
En 1911 el Rey Alfonso XIII le otorga el título de Ciudad a raíz de un viaje que realizó el monarca a las islas y visitó Tacoronte hospedándose en el desaparecido Hotel Camacho, la orden por la que se le concedía este título debido "al desarrollo de su agricultura, industria y comercio y su constante adhesión a la Monarquía Constitucional"

76/ Tijarafe


Los inicios de la historia tijarafera se pierden en la penumbra de sus barrancos y cabocos en los que ya hace más de 500 años que no se escuchan las lenguas norteafricanas traídas por sus primeros moradores, los auaritas. Sólo se tiene constancia, a través de las crónicas de la conquista castellana de la isla de La Palma, culminada en 1493, de la existencia dentro de los actuales términos municipales de Tijarafe y Puntagorda de un reino o cantón aborigen de gran peso dentro del resto del conjunto insular llamado Tixarafe o Hiscaguan, cuyo cabecilla se llamaba Atogmatoma. Pocos son los datos que nos quedan para ilustrar lo que fue el desarrollo de esta zona de la isla en los momentos inmediatamente posteriores a la llegada de los europeos, pero resulta plausible sugerir una progresiva expansión de la agricultura de la mano de éstos junto al mantenimiento de la ancestral actividad ganadera de los aborígenes, plenamente adaptada a las características climáticas y orográficas de las tierras tijaraferas.
El devenir histórico de Tijarafe está íntimamente ligado desde estos primeros momentos a la evolución de la institución eclesiástica, materializado en torno al establecimiento, primero, de una pequeña ermita en torno a 1530, sobre la que se erige a partir de 1567 el templo de Nuestra Señora de Candelaria y, posteriormente, en 1584 de la ermita de El Buen Jesús, que vendrán a dotar de entidad propia a estos parajes. El notable desarrollo que la Iglesia adquiere en estas tierras denota el carácter profundamente religioso de los tijaraferos, que a través de sus donaciones, testamentos, misas perpetuas, etc. conseguirán que la Iglesia Parroquial adquiera cierto esplendor, reflejado en el aumento físico de sus propiedades y de sus ricos objetos de culto.
Los siglos XVI y XVII marcarán la conformación de la futura sociedad tijarafera, surgida de la población asentada tras los repartimientos posteriores a la conquista y de los remanentes de población autóctona que permanecen en la zona. La actividad agrícola se afianzará como la principal ocupación y sustento de los tijaraferos durante estos siglos y será la que, a la postre, posibilitará el desarrollo económico y social en el futuro. La agricultura en Tijarafe ha estado, y lo continúa estando, supeditada a la disponibilidad de agua, en una zona de por sí bastante árida y de escasas precipitaciones. Ésta es la razón por la que, hasta bien entrado el siglo XX, la agricultura de secano ha sido prácticamente la única que se podía desarrollar en el municipio, dependiendo en gran medida de las condiciones meteorológicas para poder obtener unos rendimientos aceptables. Un dato importante a tener en cuenta es que la mayoría de los campesinos trabajaban unas tierras que no les pertenecían en propiedad, a cambio de unas rentas que casi siempre se pagaban en especie. Aún así, los esforzados tijaraferos se las ingeniaron primero para asentarse y consolidarse como núcleo de población en un lugar poco favorable y luego para cambiar las condiciones físicas y tecnológicas que limitaban su desarrollo, logrando así que la población creciera hasta llegar a los 1.911 habitantes a principios del siglo XIX y a su máximo de 3.050 a mediados del XX. Pese a todo este crecimiento no se produce de forma homogénea. Emigración, hambre y mortalidad hacen que la línea evolutiva de la población no sea uniforme.
La llegada del siglo XIX supone el comienzo de unos ambios que van a marcar el desarrollo actual de Tijarafe. Cambios que serán más acusados y profundos en el siglo XX. Así, con la Constitución de 1812, Tijarafe obtiene, al menos en teoría, la carta de municipalidad, si bien la independencia efectiva del control capitalino ejercido por Santa Cruz de La Palma no se logra hasta 1842. Pese a que el fenómeno de la emigración, sobre todo al continente americano, se puede considerar más o menos continuo desde la etapa de la conquista hasta nuestros días, fue a partir de la segunda mitad del siglo XIX cuando sus efectos se hicieron más notables sobre la población del municipio. A la larga, esta corriente migratoria motivada fundamentalmente por las malas condiciones de vida existentes en Tijarafe, y en toda la isla en general, va a tener también un efecto positivo al propiciar, las remesas de dinero que llegaban de América, un gran cambio en la estructura de la propiedad de la tierra, secularmente en manos de unos pocos terratenientes afincados fuera del municipio. Así, desde principios del siglo XX, se produce paulatinamente el cambio de titularidad de los propietarios y el tijarafero ve como, después de mucho tiempo, la tierra que había trabajado durante generaciones ahora le pertenece. Obtenida la propiedad de la tierra, los esfuerzos se dirigen a mejorar la producción agrícola para lo cual resulta indispensable asegurar el abastecimiento continuo de agua. Desde finales de la década de los 30 del siglo pasado el agua canalizada comienza a llagara a la costa de La Punta , luego, en los años 60, llega el canal de Minaderos y se alumbra agua en la galería de El Caboco. Con la llegada del agua se da el gran salto de la agricultura de subsistencia de secano a la de producción de regadío, con el cultivo del plátano como gran protagonista.
El desarrollo económico que este cambio produce viene también paralelo a la llegada de la carretera general de circunvalación en los años 40, que permitirá una enorme mejora en las comunicaciones y supondrá una vía de entrada de constantes innovaciones que llevarán la prosperidad a Tijarafe tras azarosos siglos de grandes penurias y vicisitudes.
La última “revolución” socioeconómica que ha afectado significativamente al municipio se comenzó a gestar hace menos de tres décadas, con la arribada a nuestras tierras del fenómeno del turismo. Un turismo proveniente en su mayor parte de Alemania y definido por su búsqueda de un medio ambiente saludable, rural y rico en valores medioambientales. Muchos de estos visitantes han acabado por convertirse en residentes habituales y por tanto en nuevos tijaraferos dispuestos a afrontar los retos que este siglo que comienza nos depara. De este modo, los acontecimientos desarrollados a lo largo del siglo XX y en lo que llevamos del XXI han permitido que el municipio haya evolucionado cualitativamente más en 50 años que en los cuatrocientos anteriores; conservando, eso sí, un inestimable tesoro patrimonial y tradicional celosamente guardado de generación en generación para mayor disfrute de todos sus visitantes y vecinos.