99/ Puntallana



Puntallana limitando al Sur con S/C de la Palma, y al Norte con San Andrés y Sauces, es un municipio eminentemente rural. El casco antiguo de Puntallana es uno de los primeros núcleos de población que se forman en la Isla después de la Conquista y constituye el mejor ejemplo de la arquitectura rural de La Palma.

Puntallana está rodeada de montañas y llanos agrícolas, como es el caso de Tenagua, desde donde contemplamos unas espectaculares vistas de la comarca Este de La Palma. Además de otros bellos a parajes como la playa de Nogales y los barrancos como La Galga, del Agua y Seco. La forma triangular del municipio, que hace coincidir su base con la costa, nos permite tener una idea de la riqueza y variedad de este municipio.

Continuando con nuestra visita podemos pasarnos por Santa Lucía, en su ermita vemos vestigios de nobleza que antaño disfrutó de su clima y buena huerta.

Seguidamente, aparece el casco antiguo, con su iglesia de San Bautista, una de las primeras de la Isla, junto a diversas edificaciones que nos da idea de la vida de los puntallaneros en las antiguas casas tradicionales de Canarias. Como por ejemplo la visita obligada a la Casa Luján, una edificación de mediados del Siglo XIX, enclave artístico donde el visitante tiene la posibilidad de conocer nuestras costumbres y tradiciones, ya que ha sido acondicionada y dotada como museo etnográfico, centro de promoción y venta de artesanía y productos artesanales locales y punto de información turística.

Bajando la carretera del antiguo pueblo podemos ir hasta Martín Luís, fuente de riqueza agrícola, que hoy en día destaca por su producción platanera que se extiende hacia El Granel.

Volvemos a la carretera principal, pasando por el Barrio del Granel entramos a La Galga (denominada despensa de la isla, por sus inmejorables cultivos), pasando por unos barrancos impresionantes que junto con otros parajes forman el pulmón de la Isla Bonita, encontramos El Cubo de La Galga, lugar de visita muy recomendado para todos aquellos amantes del senderismo y de lo verde, un auténtico tesoro que la naturaleza ha querido dejar en Puntallana. Finalmente podemos contemplar una maravillosa vista desde el Mirador de San Bartola, su ermita y el Mirador de la Montaña.



La historia nos dice que, escasas fechas antes de que Colón arribara al Nuevo Mundo, Alonso Fernández de Lugo inicia la conquista de la Palma. También, las crónicas recogen que no se le presentaron a Lugo grandes dificultades para añadir el pequeño territorio de esta isla a las cada día más extensas posesiones de la corona española porque sólo unos pocos meses después de desembarcar en la costa de Tazacorte y de comenzar la empresa de la conquista, los Reyes Católicos reciben alborozados la noticia, a mediados de 1493, de que una isla de inmenso y escasamente conocido Atlántico acababa de entrar a formar parte de sus dominios.

Los primeros pasos de la Palma en la historia tienen mucho que ver con la llegada de pobladores, los repartimientos de terreno y los subsiguientes asentamientos, que tienen lugar luego de finalizada la conquista. Al igual que en otros puntos de la isla, en la zona Puntallana los asentamientos son bastante tempranos. Prueba de ello es que ya en 1515 la ermita que se había construido en el núcleo principal de la comarca de Puntallana era declarada Iglesia Parroquial y Bautismal en las Sinodales del Obispo Vázquez de Arce. Poco a poco se van definiendo y consolidando los núcleos poblacionales de la zona: Tenagua, Santa Lucia, San Juan de Puntallana, El Granel y La Galga. De estos momentos iniciales contamos con un testimonio de singular interés. Se trata de la descripción que de la comarca de Puntallana nos deja Gaspar Frutuoso (1522-1591), un clérigo de Azores, que la incluye en el libro I de su obra "Saudades Da Terra", y que reproducimos a continuación del original portugués:"..Hay también otro barranco que se llama el Barranco Seco por no llevar agua, y desde él hasta la sierra hay campos llanos cubiertos de arrayán, brezos y poleos, en los que viven muchos conejos, y se extienden al norte media legua hasta los pinares de la parte de Tenagua, y se coge mucho trigo. Del Barranco Seco suben a Punta Llana... que es camino recto para Los Sauces, San Andrés, La Galga y Los Galguitos y Las Lomadas; y después de subir vuelven a bajar para Tenagua, donde hay una fuente de agua buena, que nace en tierras llana, entre unas lajas movibles; un poco más arriba de esta fuente comienzan las tierras labrantías de Tenagua, en las cuales se da mucho trigo; y hasta los almácigos no hay por allí otra planta, sino cardones y cardos entorno a las rocas que caen sobre el mar, y por esta parte son muy altas, yendo todo este término hasta la parte del norte desde las rocas, haciendo como ladera muy escarpada en la parte de arriba.

Los almácigos son tres o cuatro árboles parecidos a olivos pero más bajos, porque no crecen mucho de alto sino alrededor, tienen la hoja muy gruesa y luciente, de la cual, cocida en agua y en vino blanco, con unos hierros viejos dentro, hacen tinta muy fina para escribir sin añadirle agalla estoni caparosa ni otro material; árboles no dan otro fruto que la goma que llaman almáciga, que es medicinal para muchas cosas y para hacer barniz fino; jamás pierde la hoja... ni el verdor, y su sombra es muy fresca, por lo que parece que Dios lo puso en este lugar, junto al camino, para alivio de los que transitan por él, y como árboles reales nadie coge de ellos más que alguna rama pequeña y hojas para medicinas, lavatorios y tintas. La tierra es tan gruesa y de masapés, que por mucha agua que llueva la embebe toda, y por eso se llama (según mi parecer) Tenagua, o por que hay en torno a este lugar cuatro o cinco fuentes hasta llegar al Barranco de Santa Lucía. Tenagua comienza desde la salida del Barranco Seco, donde luego toma su nombre yendo hacia Punta Llana hasta la estrada del Barranco de Santa Lucía, de más de media legua de ancho de este a oeste y de sur a la banda del norte casi otra media legua, pues acaba su límite en el tanque de Luís Álvarez, junto a los arrayanes; debajo del camino está una fuente bien labrada, hecha en cuadrado en piedra viva, que se hizo a picareta y escoda en la misma roca donde nace, y luego abajo un tanque donde beben los ganados y se lava la ropa de todo aquel vecindario; la cual dice que mandaron hacer Luís Álvarez y Rodrigo Anes de Tenagua.

La bajamar debajo de esta fuente es muy llana y da mucho trigo, cercada alrededor, a modo de muro, de cardones grandes por espacio de dos modios de tierra y otro modio donde se llama el Puerto de la Nao, distante de Punta Llana más de media legua; estos dos modios de tierra de bajamar se llaman Punta Llana, que es de masapes grueso.

Volviendo al Barranco de Santa Lucía, que tiene este nombre por una ermita de esta santa que allí se encuentra y que está cerrado de rocas por ambas partes, a la entrada tiene una fuente con la que podrían regar las viñas y los árboles que tienen si quisieran, pero en esta isla ni es costumbre ni necesario regarlos, por lo que se ve que es más fértil que Tenerife, donde se acostumbra a regar. Más allá de las tierras de Santa Lucía y después de Punta Llana está la iglesia parroquial de San Juan, con cien vecinos, todos labradores; hay buenos vinos donde llaman El Granel y El Sabinal, tiene legua y media de término, que llega del fin de Tenagua hasta La Galga, que es más de legua y media de largo, y de ancho del mar a la cumbre, toca hasta la bajamar, donde hay una bahía honda y espaciosa, que por la parte del sur tiene una entrada tan ancha, que puede caber por ella una nave grande y puede servir para galeras; este lugar se llama el Ancon, donde hay muchas clacas y mariscos.

Más allá hay viñas en otros barrancos, y en esta parte los pinos son más gruesos que en el resto del monte, pues pasan de diez palmos de cuadra los que se pueden aserrar, y de alto son de 30 a 40 palmos. Este lugar tiene una fuente grande y en él hay muchos árboles frutales, en especial peras pardas, limones de tajada, llaman franceses, y todos los agrios. Algunos vecinos nobles y ricos viven donde dicen El Granel y El Sabinal tierra de trigo y viñas y pastos, abundante de carne y fruta.

Pasado El Sabinal yendo para Los Sauces, está el Barranco de Nogales llamado así porque comienza debajo del lugar de La Galga, donde hay muchos nogales y castañeros; de la misma forma que El Granel se llama así por un granel grande, que está hecho sobre estos desde muy antiguo, y en el que los vecinos del lugar guardaban el trigo; y El Sabinal, porque por la parte del Barranco de Nogales hace una ladera donde hay muchas sabinas, que es una madera parecida a la del cedro y de mejor olor, pero de color más claro. Y toda esta parte del poniente está muy cultivada. Más allá de la parte de El Granel están las tierras del Pino, llamadas así por encontrarse en ellas un pino manso, que no hay otro en toda la isla, porque los demás son pinos de tea.

Una vez pasado el Barranco Hondo se comienza a encontrar en las tierras labrantías de La Galga, así llamadas por ser sitio redondo como una galga que echan a rodar por una ladera; aquí hay muchos árboles y frutas, trigo, viña, huertas y legumbre, fuentes y aguas; este lugar es de labradores y aserradores; tiene su iglesia bajo la advocación del Nacimiento de Nuestra Señora y en lugar viven unos cincuenta vecinos. Luego sigue el Barranco del Vizcaíno, que va del mar a la sierra y que está plantado de viña en las laderas de ambas bandas."

Como vemos, desde muy temprano, la zona de Puntallana ya había definido los límites precisos de su andadura en el tiempo y los rasgos propios de su identidad. Su tierra siempre mimada por la brisa y la bruma, desde antaño vestida de viñas y de pino, salpicada de lagares y trigales; sus hombres, fieles depositarios de una sabiduría ancestral que habla de respeto, tradición, recogimiento, y amor al trabajo y a la tierra.

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