104/ Tazacorte

Tazacorte es un municipio joven, pues tiene menos de un siglo de vida como Villa independiente, y sus habitantes son conocidos con el gentilicio de bagañetes.




Hasta 1925 Tazacorte perteneció a los Llanos de Aridane, año en el que obtuvo la independencia bajo el rey de España D. Alfonso XIII. Tres años más tarde, Tazacorte conocería y sufriría uno de los más tristes episodios de su vida al declararse la epidemia de la Peste.

En estas playas desembarcó como conquistador de la isla D. Alonso Fernández de Lugo, dando muerte al rey Tazo y construyendo la primera ermita de la isla en honor a San Miguel, hecho acaecido el 29 de Septiembre de 1492.

Las calles de Tazacorte respiran aún la historia: viejas edificaciones se conservan entre modernos edificios; mansiones solariegas guardan celosamente el pasado no tan remoto en el que el comercio con los Países Bajos hicieron de La Palma reserva de célebres obras flamencas



Al igual que en el resto del Archipiélago, los antiguos pobladores de esta Isla fueron los Guanches , que eran de origen bereber (del norte de África) y que habitaron las Islas hasta que se incorporaron a la corona de Castilla en 1496. Los Guanches llegaron con animales domésticos, como ovejas, perros, cerdos y cabras, que contribuyeron a la desertificación de las islas más pequeñas, pero que introdujeron en estas tierras el trigo o la cebada.

Los lugareños de Tazacorte, al igual que los de la Isla de La Palma en general, conservan rasgos y costumbres de antaño, preservando así la cultura autóctona al mismo tiempo que disponen de todas las comodidades que ofrece la edad contemporánea. Entre estas costumbres, cómo no destacar la lucha canaria, deporte isleño por antonomasia, heredado de los antepasados y que se caracteriza por su dificultad artística y por la nobleza de sus competidores.

Como en cualquier otro pequeño puerto, sus gentes están muy vinculadas al mar. Tazacorte no es una excepción, y por este motivo han surgido a lo largo de la historia marinos famosos, como la figura de José Fernández Romero o Francisco Díaz Pimenta, que fue un innovador en el arte de la construcción naval, y que además persiguió a los piratas que asolaban la América conquistada. José Fernández Romero conquistó en 1641 la isla de Santa Catalina, expulsando de ella a los ingleses.

Desde el principio de la colonización de América, la gente canaria ha desempeñado muchos oficios ligados a la mar, tal y como lo demuestran documentos de la época. Precisamente por razones económicas, en el siglo XIX los bagañetes, al igual que otros muchos canarios, emigraron mar adentro hacia otras tierras. En el caso de Tazacorte, cuentan los documentos que entre 1857 y 1861 más de doscientos habitantes del municipio de Los Llanos, en el que estaba inserto el pago de Tazacorte, optaron por el camino de la emigración. Si el canario en general emigraba sobre todo a Venezuela (la llamada “octava isla”), el bagañete se dirigía a Cuba y La Habana , una especie de “patria” para los palmeros. Por otra parte, los mares invernales de la costa de Tazacorte impedían a menudo las operaciones de carga y descarga en la bahía, y ocasionaron naufragios como el de la goleta La Mosca , en 1866.


Entre mareas llegaron también a finales del Siglo XIX las principales potencias europeas, que decidieron colonizar África. La posición estratégica de las Islas Canarias les servía como plataforma para entrar en este continente y como base de aprovisionamiento de sus flotas. La presencia de estas potencias extranjeras dinamizó la economía de las islas. La llegada del plátano y del tomate al Valle de Aridane formó parte de este proceso, pues los ingleses buscaban tierras cercanas a su país en los que pudiesen plantar productos tropicales de los que había cierta demanda en Europa. Canarias, y concretamente Tazacorte, eran un buen lugar para ello, al reunir todos los requisitos: horas de sol, agua de manantial y también mano de obra barata. Por eso, desde entonces hasta nuestros días se puede decir que el cultivo del plátano ha superado con creces los cien años de existencia, con un origen no autóctono sino derivado de las ansias de expansión y colonización de la Armada inglesa, fundamentalmente.

Pero también ha sido Canarias escala obligada de rutas comerciales marítimas, permitiendo que las islas se convirtieran en un punto clave en el mercado de materias primas y elaboradas. Entre estos viajes por los siete mares destacaron los que se dirigían a Europa y a América. A Europa y a la península para llevar azúcar, quesos, vinos… A América porque La Palma quizá fue la mayor escala de Indias dentro del archipiélago canario. Y cómo no, a otras partes del mundo, como hacia Cabo Verde, donde se cambiaban esclavos por vino o por objetos de quincallería.


En la ermita de San Miguel de Tazacorte se conservan las reliquias de las víctimas del más sangriento de los dramas acaecidos en las costas de Tazacorte. El 5 de junio de 1570, en el galeón Santiago , salieron de Portugal el padre Fray Ignacio de Acevedo y 39 religiosos de la Compañía de Jesús con rumbo a brasil, por mandato del general de los jesuitas Francisco de Borja. El barco hizo escala en Tazacorte, y los pasajeros se hospedaron en la casa de Melchor Monteverde, que se había educado en Oporto junto al padre Acevedo. El día 13 el padre Acevedo celebró misa en la ermita de Tazacorte y dio la comunión a los 39 compañeros y demás personas que les acompañaban. A continuación subieron a bordo para dirigirse a Santa Cruz de La Palma con el fin de descargar mercancías. Cuando estaban a la altura de la punta de Fuencaliente, muy cerca de la costa, fueron atacados por cinco embarcaciones de hugonotes pertenecientes a la flota del sanguinario pirata Jacques Sores. Cuenta Rumeu de Armas que el capitán del galeón Santiago , viendo el buen ánimo de los misioneros y su generosidad, pidió al padre Acevedo que les permitiera entregarles armas para defenderse de los atacantes, pero éste le dijo que ellos sólo podían dedicarse a asistir a los heridos y moribundos, curándolos o ayudándolos a bien morir. Lo cierto es que Sores se apoderó del Santiago , mientras el padre Acevedo animaba a los misioneros a morir por la fe. Y así sucedió. El padre Acevedo y todos los misioneros fueron sometidos a atroces tormentos y pasados a cuchillo, para ser finalmente arrojados al mar. En la ermita de San Miguel de Tazacorte se conservan las reliquias de estos mártires.

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