25/1/10

122/ Telde

TELDE: CIUDAD MILENARIA

"La verdadera historia es aquella que cuenta el paso de un pueblo por todos los tiempos;
aquella a la que nadie caprichosamente debe marcarle ni principio ni final,
aquella que no entiende de discriminaciones entre anónimos y poderosos,
aquella que asume no ser rehén ni de vencedores ni vencidos.
La verdadera historia es aquella que hará orgullosos herederos a todos sus hijos."

Anónimo

SU ORIGEN E INICIOS

La ciudad grancanaria de Telde se erige hoy, orgullosa de su trayectoria histórica y de sus raíces milenarias, sobre aquella otra aborigen de nombre Tildet que, aunque con disposición más dispersa, llegó a forjarse como Guanartemato de los primeros canarios varios siglos antes de su entrada en la historia de Occidente.


Cuentan las crónicas y con su mayor rigor científico complementan en la actualidad otras disciplinas del saber, que aquel Tildet primigenio pudo estar habitado por no menos de diez mil personas, la mayor parte de ellas como en otros rincones de esta isla, descendientes de un pueblo de origen norteafricano de nombre canarii. A ambos márgenes del hoy llamado Barranco Real, aprovechando la amplísima y fértil llanura existente, pero también las faldas de las lomas que la cobijan, surgieron aquellos asentamientos aborígenes de Tara y Cendro y a posteriori, tras la conquista y colonización castellana, los hoy conocidos como San Juan y San Francisco.

La primera referencia histórica que Occidente tiene de aquel Tildet, viene dada por el establecimiento de algunos frailes mallorquines a mediados del siglo XIV con objetivo evangelizador y que el Papa Clemente VI convierte en hecho suficiente para declarar el lugar, mediante la bula Coelestis Rex Regum, como Sede del primer obispado de Canarias en el año 1351. Se ha tomado esa fecha como la de fundación de la ciudad, pese a que tendrían que pasar todavía más de cien años, para que la aborigen Tildet fuera conquistada y colonizada por los castellanos.


Dicen las crónicas, que varios intentos de ocupación armada que tuvieron como escenario la Bahía de Gando, se saldaron con sendos fracasos por la fuerte resistencia canaria. Primero fue la soldadesca que venía al mando de Jean de Bethencourt y Gadifer de la Salle y luego la comandada por Diego de Herrera. Cuando la superioridad castellana se hizo finalmente patente muchos de los canarios, entre ellos el Faycán de Tildet y Bentejuí, se replegaron hacia las cumbres, unos para morir finalmente luchando y otros para vivir en las montañas a pesar de terminada la conquista.

En 1482, en un lugar muy próximo a donde hoy se sitúa la Basílica de San Juan, los castellanos construyeron una torre defensiva que se convertiría en la primera edificación de la, desde entonces, refundada ciudad de Telde. Una refundación que tuvo lugar formalmente un año después, en 1483, por auspicio del capitán conquistador Cristóbal García del Castillo, miembro de la Real Hermandad de Caballeros de Andalucía y nacido en la ciudad española de Moguer. Entre otros, a él correspondió uno de los grandes latifundios creados en la ciudad tras el repartimiento de tierras y aguas que se dio una vez anexionada la isla a la Corona de Castilla. Latifundios que, aprovechando la fertilidad de las tierras de los valles de medianías y de la Vega Mayor, primero tendrían como cultivo la caña de azúcar, después la viña, la papa, el millo y la cochinilla, para finalmente ser dedicados en épocas más recientes al plátano, el tomate y los productos de invernadero.

Esa preeminencia y desarrollo del sector primario no dejaría de marcar el desarrollo de la ciudad hasta fechas relativamente recientes, ya que incluso el asentamiento progresivo de su población vendría marcado por varios siglos de agricultura destinada al consumo interior, pero sobre todo a la exportación. Así, mientras en el primigenio barrio de San Juan se asentaron los nobles y adinerados colonos, en San Francisco lo hicieron preferentemente aquellas estratos sociales más populares, aquellos que después se convertirían en clases medias. Por su parte, en los Llanos de Jaraquemada y Berebería, residirían inicialmente los estratos más desfavorecidos, aquellos esclavos moriscos y descendientes de canarios más pobres, empleados en el trabajo de los ingenios azucareros primero y después en otras actividades agrarias y ganaderas. Tres siglos y medio después sin embargo, Los Llanos estaría convertida en un pujante enclave comercial de la ciudad, hasta el punto de fusionarse, por su expansión, con los otros barrios históricos.

SUS TIEMPOS MODERNOS

La ciudad del ayer, se fue convirtiendo con el paso de los siglos, en cuna y escenario de una actividad económica nada desdeñable, una inquietud social y cultural notable y un incremento poblacional que la situó pronto en municipio destacado en el contexto de Gran Canaria. Así las cosas, llega al siglo XX siendo con diferencia el segundo núcleo de población, tras la capital de la isla, con más entidad pese a las múltiples carencias que, sobre todo sus pagos tenían.



Otra vez la agricultura de exportación, pero esta vez con el añadido de los primeros compases del más reciente monocultivo canario, el turismo y la construcción, empujarían a miles de personas a mediados de los años 60 del siglo pasado, a buscar su sustento abandonando otras zonas de la isla. Esta vez recalarían en Telde. En relativamente poco tiempo, el municipio vio incrementar enormemente su censo de población, pero también explosionar un desarrollo urbano caótico, disperso y descontrolado, hasta el punto de que en tan sólo 102 km cuadrados de superficie se crearon 60 barrios.

Cuando la primera corporación democrática toma las riendas de la ciudad en el año 1979, el municipio carecía de los servicios básicos e infraestructuras mínimas. Entre otros indicadores que así lo atestiguan:

* Sólo un 15% de los menores estaban escolarizados.
* Sólo el 5% de la población contaba con saneamiento.
* Sólo el 20% de la población contaba con electricidad.
* Sólo el 10% contaba con agua potable.
* De los más de 60 barrios existentes apenas 3 contaban con un asfaltado y encintado de sus calles medianamente digno.
* Tan sólo existía un campo de fútbol y una cancha para deportes de sala en todo el municipio.
* Se carecía de zonas verdes y acondicionadas para el disfrute de los ciudadanos.
* Apenas existían locales sociales.
* El marco legislativo existente para la planificación y ordenación del suelo (Ley de 1955) estaba obsoleto o tenía lagunas importantes.

Treinta años después y tras un esfuerzo muy importante de toda su comunidad, la ciudad ha dado un paso de gigante. De apenas tener varios centros educativos en su casco, a tener 41 repartidos por casi todos los barrios; de un sólo centro de salud a 9; de apenas media docena de locales sociales para el uso y disfrute de los ciudadanos a 60; de 1 a 5 pabellones deportivos cubiertos y 30 nuevas canchas deportivas; de un campo de fútbol de tierra a 10 provistos de césped artificial; el 99% de la población con saneamiento, agua potable y electricidad; vías y carreteras que dan acceso a la práctica totalidad de los barrios y pagos; 3 grandes parques urbanos y un importante conjunto de obra monumental; un teatro municipal, un museo y un Palacio de Cultura en construcción.


Telde emprende con esos mimbres el siglo XXI, convertido en un enclave comercial y aeroportuario y en punto de paso entre la capital de la isla y la zona turística del sur. Así la autovía GC-1, que atraviesa la ciudad por su flanco sur, se ha convertido en un verdadero corredor económico, con la implantación de numerosas empresas dedicadas tanto al sector secundario, que se concentra en los polígonos industriales de El Goro, Las Rubiesas y Salinetas, como al terciario como pueden ser los grandes centros comerciales, amén de multitud de negocios estrechamente relacionados con dicha autovía. En su centro neurálgico, el casco de la ciudad, sigue estando el sector comercial tradicional y de pequeñas tiendas, que convive con la mediana empresa, destacando como zona comercial la Avenida de la Constitución, que conecta atravesando la parte baja del barrio de San Gregorio, la Iglesia y plaza de dicho nombre con una de las salidas de la ciudad.

En definitiva, Telde se ha convertido en el cuarto municipio más importante de Canarias por múltiples factores; en un referente por el notable desarrollo de sus equipamientos y proyección de la práctica deportiva; en una visita obligada para aquellos que quieran recrear en su patrimonio arquitectónico, arqueológico o histórico la Canarias del ayer; en una cita donde disfrutar de actividades culturales; de zonas de playa y de cumbre o simplemente de grandes parques donde disfrutar en compañía de toda la familia.



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14/1/10

121/ Breña Baja


Las Breñas surgieron en el cantón denominado por Abreu Galindo señorío de Tedote, bando que se extendía desde el barranco de Amargavinos, en Breña Baja, hasta el barranco Seco, que hoy supone el límite entre los actuales municipios de Sta. Cruz de La Palma y Puntallana. Según Abreu Galindo,Tedote en lengua palmera significaba monte, de ahí la interpretación castellana de Breña, que quiere decir, según el científico francés René Vernau, terreno agrietado y lleno de maleza.

En tiempos de la conquista el territorio estaba gobernado por los hermanos TINISAGUA, VENTACAYCE y AGACENSIE, que murió arrastrado por la corriente del barranco que lleva su nombre, límite entre Breña Alta y Breña Baja. Éstos no ofrecieron resistencia al Adelantado Alonso Fernández de Lugo durante la campaña de 1492-1493, siendo por tanto uno de los llamados Bandos de Paces.

Los asentamientos aborígenes más antiguos se sitúan en las zonas bajas de La Breña de modo que las primeras gentes que arribaron a la isla desde el vecino continente africano se instalaron preferentemente en las cuevas naturales que encontraron en la desembocadura de los barrancos costeros y en la base de los acantilados (Los Guinchos y Los Cancajos).

Así el litoral marino se convirtió en uno de los pisos de preferente explotación aborígen. La recolección de lapas, burgados, púrpura y ostrón, alcanzaron gran importancia en los momentos iniciales de poblamiento. Por tanto la aparente elección de la zona costera vino motivada por dos posibles causas: una, el escaso conocimiento del lugar de arribada y segunda las posibilidades que ofrecen las costas como lugar de abastecimiento inicial.




Colonizadas las zonas costeras, los aborígenes eligen como lugar de habitación las cuevas situadas en laderas de solana, de buena accesibilidad y cercana a lugares con agua, pastos y buenas condiciones de cultivo.
Los primeros yacimientos elegidos por los aborígenes para su establecimiento difieren notablemente de los que posteriormente se habitan o de los que se utilizan como enterramiento. En primer lugar son de amplia capacidad con bajo índice de humedad y temperaturas anuales homogéneas; en segundo lugar se encuentran orientadas al SE, recibiendo bastante calor y luz durante el día; y en tercer lugar tienen una altura interna máxima de 3 metros, lo que permite la vida de manera cómoda.

El acceso a zonas de cumbre, dominadas por el fayal-brezal y el pinar, se realiza en momentos muy cercanos a la conquista, siendo la zona de mayor ocupación la correspondiente al bosque termófilo. Las cabañas se emplearon como sustituto de las cuevas donde éstas escaseaban, ubicándose la mayoría de ellas en zonas de cumbre relacionadas con la actividad ganadera. Otros poblados de cabañas pudieron estar ubicados en zonas desprovistas de cuevas hoy, y que podían coincidir con las zonas agrícolas del municipio de Breña Baja.

Para las cuevas de enterramientos se utilizaron las más inaccesibles como característica principal, aspecto que se mantiene en los primeros momentos de ocupación, aunque a medida que aumenta la presión demográfica se usa cualquier oquedad que permita efectuar un enterramiento. En su mayoría son cuevas sepulcrales individuales, aunque también existen casos de enterramientos colectivos.La introducción de los cadáveres en su cueva sepulcral se realiza junto con el ajuar funerario (cerámica y útiles utilizados en vida).

La colonización de la isla después de la conquista castellana provocó cambios sustanciales. Se avecindaron en la isla flamencos mercaderes, castellanos y portugueses, siendo La Breña una de las zonas preferidas por éstos para establecerse. Muchos de estos portugueses eran judíos que buscaron el refugio en la isla huyendo de las interrogatorios practicados por el Tribunal del Santo Oficio.




En 1823 se cifra la población de Breña Baja (ya segregada de Breña Alta) en un total de 1141 personas, distribuidas en los cuatro únicos pagos que componían el pueblo: Cantillo, Monte, Montaña y Las Ledas. El poblamiento era disperso y diseminado por caseríos con ubicación en lugares feraces y con agua. La mayor parte de las viviendas eran pajizas establecidas en viñedos, lo que habla de la riqueza vinícola del lugar tanto en calidad como en cantidad. A finales del siglo XIX René Vernau describe a Breña Baja como un lugar formado por algunas casitas cubiertas de paja, diseminadas por todas las pendientes, una iglesia, algunas viñas y palmeras. Los vecinos vivían distantes de la parroquia al no existir ningún núcleo de población concentrada.

El casco de San José nunca llegó a constituirse como centro urbano, simplemente agrupaba a los edificios públicos y religiosos ( la casa donde se depositaban los muertos, la cárcel, el Ayuntamiento, la escuela, la vivienda del cura y el nuevo cementerio). Un año después de la segregación de Las Breñas en dos pueblos se construyó junto a la antigua Ermita de San José el edificio para el Pósito de Granos que después de 1812 fue transformado en casa consistorial.
Desde principios del siglo XVI La Breña se convirtió en la mejor zona vinícola de la isla. Las tierras pedregosas y faltas de agua eran especialmente apropiadas para este cultivo. Por entonces la exportación de vinos a las colonias americanas representaba la principal riqueza de La Palma, especialmente el vino de malvasía de Las Breñas.

“Los mejores vinos de La Palma se crían en un cantón llamado Breña que produce todos los años mil doscientos barriles de malvasía; y es de la misma fertilidad en frutas y granos”
(THOMAS NICHOLS, escrito en 1560)

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8/1/10

120/ Ingenio

Este municipio en la época prehispánica formaba parte de uno de los diez cantones en los que se dividía la isla y se conocía con el nombre de ARAGINEZ.

La colonización de Gran Canaria siguió las mismas pautas que en otros territorios incorporados a la Corona de Castilla, es decir, reparto de tierras entre los estamentos implicados en la conquista: así Araginez pasó a formar parte del patrimonio de la Iglesia y transformó su nombre en Agüimes. Los terrenos que hoy en día ocupa Ingenio, se denominaban “Valle Real de Aguatona” y eran ricas y extensas tierras a ambos márgenes del Barranco de Guayadeque regadas por los manantiales del mismo.

El Gobernador D. Pedro de Vera, al ver el auge que tomaba el cultivo de la caña de azúcar hizo venir de la isla de Madeira al comerciante Alonso de Matos, el cual construyó uno de los primeros “ingenio” (complejo destinado a la molienda de la caña de azúcar).

Es partir de entonces cuando toda la zona norte del Barranco de Guayadeque hasta su límite con el municipio de Telde empezó a conocerse como INGENIO y en torno a este complejo industrial fueron asentándose familias que aportaron la mano de obra necesaria.

Hoy en día con una población de 28.900 habitantes, una superficie de 38 kilómetros cuadrados y situado al sureste de la isla de Gran Canaria, es el municipio cuya tradición se encuentra en cada rincón de su geografía.

Una de sus mayores ventajas es la posición estratégica en la que se sitúa, con una amplia y moderna red de comunicaciones a través de las cuales se puede acceder rápidamente a nuestras playas del sur de la isla y a nuestra capital y en cuyo interior la variedad de caminos rurales, que atraviesa nuestro municipio, le introducirá en la diversidad paisajística y cultural de este pueblo, considerado amable y acogedor.

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