23/5/10

134/ Trajes típicos de Canarias

Los Trajes Típicos de Canarias son modelos de vestimenta que se han popularizado y que son considerados como los más representativos de las islas del archipiélago. En algunos casos como lo son los de la isla de La Palma y El Hierro, estos modelos procuran ser fieles reproducciones y se corresponden con los que usaba la población en epocas pasadas. En otros trajes como los de la isla de Tenerife, La Gomera y Lanzarote conviven elementos antiguos pero de distintos periodos históricos, luego nos quedan los modelos creados por artistas plásticos como Néstor Martín Fernández de la Torre quien diseñó los Trajes que hoy representan oficialmente a Fuerteventura y a la Isla de Gran Canaria y que muy poco tiene que ver con las indumentarias utilizadas antiguamente por los pobladores de estas dos islas.

La Vestimenta Tradicional de Canarias, comprende la indumentaria usada por distintas clases sociales de las islas, son modelos que se han usado en otras épocas y que actualmente se reproducen en distintos ámbitos como son; fiestas y celebraciones populares, en el vestuario de los grupos folclóricos y otros colectivos de orden cultural, en representaciones institucionales entre otros.

En las islas con los factores que determinan las formas de vestir comunes, se atavían de igual manera en lo básico, pero existen pequeñas peculiaridades que permiten diferenciar a los habitantes de una isla de los de otra e incluso, a veces, de una localidad o comarca de otra.

⊙ Las materias primas

Para la confección de su indumentaria los isleños, en su gran mayoría, empleaban géneros de producción local a base de lana, lino y seda.

Con el lino tejían grandes lienzos, muy estimados por su durabilidad. Con ellos se confeccionaba la lencería personal y doméstica, siendo lisos y más o menos blanqueados para la primera, y con algunas listas de color en el segundo de los casos. Para ropas especiales también se usaban telas más finas de lino o algodón de origen foráneo.

La lana del país, de cierta aspereza pero de gran resistencia, permitía la tejedura de tafetanes y sargas que también podían ser con mezclas de lino o algodón. Se empleaba en colores naturales o se teñían con productos de la tierra. Existía mucha afición por los colores saturados y vivos, mezclándolos entre sí dando sorprendentes resultados.

La seda se teñían en una amplia variedad cromática y con ellas se tejían tafetanes lisos, listados o a cuadros, terciopelo sargas, cintería, galones, etc. Estas telas eran las usadas para la confección de las sayas, jubones y justillos de fiesta , gala y los complementos, como podían ser las medias, los pañuelos, las manteletas, etc.



⊙ La mujer

El atuendo femenino sigue pautas que tomaron forma en el Renacimiento, introducidas en el Archipiélago con la colonización.

El atuendo femenino sigue pautas que tomaron forma en el Renacimiento, introducidas en el Archipiélago con la colonización.

Usaban las canarias para cubrir la cabeza prendas de diferentes orígenes y materiales: sombreros de fibra vegetal o fieltro de confección local; monteras de género tejido de lana de varios tipos. Bajo ellos, prendas tales como mantillas, pañuelos, tocas, etc., que podían usarse solas o combinadas entre sí.

Para vestir el torso empezaban con la blusa de manga larga o corta; sobre ella el justillo, el jubón y la chaqueta. Como complementos, los pañuelos de hombros y mantoncillos y para abrigarse, los capotillos de lana o los grandes mantones de lo mismo conocidos por “sobretodos”.

De la cintura hacia abajo portaban un número variable de enaguas, el refajo rojo de lana y la enagua exterior o falda. En el siglo XIX se populariza el delantal. Las piernas se visten con medias de lana o lino en sus colores naturales, y en algunas ocasiones especiales, de seda bordadas. El calzado estaba constituido por zapatos de orejas para amarrar o del tipo de escarpín con o sin hebillas.

⊙ El hombre

La cabeza la visten con sombreros de varios tipos, en los que la altura y forma de la copa, así como el tamaño del ala, cambian según el lugar y la época. Muy populares fueron las monteras en casi todas las islas, siendo diversa su forma y maneras de colocarlas, según el clima lo exigiera.

Sobre la camisa de lienzo usaban el chaleco liso, listado o de seda. Solían tener botonadura metálica y un número variable de bolsillos. Sobre ambos se llevaba la chaqueta, corta y con guarniciones en los ejemplares mas antiguaos, y más larga y simple, similar a las actuales americanas, en los ejemplos posteriores.

Los calzoncillos eran de corte simple recto , su largo y ancho era variables. Su uso ha quedado perpetuado en la ropa de brega de los luchadores de la lucha canaria. Sobre ellos iban los calzones de alzapón , con las perneras muy estrechas y ceñidas por medio de botones que casi siempre se dejaban sin abrochar. Esta prenda solían llegar hasta la rodilla. Durante el siglo XIX los calzones se simplifican perdiendo los botones y ojales, permaneciendo siempre las perneras abiertas por donde asomaban los calzoncillos.

Para abrigar la zona lumbar, evitar los accidente y sujetarse los calzones y calzoncillos, los hombres usaban el fajín o ceñidor, que solía ser de lana o seda liso, listado o a cuadros. Las piernas las cubrían con medias o polainas, las primeras se hacían de lana, lino o seda bordada para las grandes ocasiones. Las polainas sólo cubrían la pierna y la parte superior del pie. Podían ser de lana o cuero.

El calzado masculino más usado fue el zapato, en diferentes modelos. Otro tipo de calzado muy popular fueron los llamados majos, especie de sandalia rusticas confeccionadas con pieles crudas, que se ataban al pie por medio de correas del mismo material. Para abrigarse el hombre canario se cubría con diferentes tipos de prendas, como podía ser las capas, los capotes, las mantas, las anguarinas, los marselleses, las camisuelas, etc.

⊙ Diferentes trajes

Aunque básicamente la indumentaria era similar en todas las islas, cada una tiene pequeñas peculiaridades constituidas principalmente por prendas de abrigo y tocados.

⊙ Isla de Tenerife

De todas las prendas usadas por los campesinos de Tenerife la más representativa es la manta. Introducida por los ingleses, doblada en dos y fruncida al cuello se convierte en prenda de abrigo insustituible. Fue y es usada mayoritariamente por los hombres, pero las mujeres y los niños también la usaban cuando los rigores del tiempo lo imponían. Su color característico fue el blanco con rayas azules en los extremos, siendo frecuente que su cuello se forrara. Su uso ha perdurado hasta hoy por sus características de confort, abrigo impermeable y durabilidad.

Si la manta es la prenda más característica del campesino, el pequeño sombrero de palma lo es de la campesina. Producto de la evolución de un sombrero mayor, se redujo su tamaño para adaptarlo a las dimensiones del ruedo (pañuelo enrollado en espiral que se usaba para cargar en la cabeza). Su forma definitiva la adquiere en las últimas décadas del siglo XIX, generalizándose su uso hasta mediado del siglo XX. Su copa cilíndrica va forrada de terciopelo menos en la parte superior, su ala curva permite disponerla de varias maneras. Se ata bajo el moño por fuera del pañuelo.

⊙ Isla de La Gomera

La mujer usaba un sombrero de palma con pañuelo de color amarillo. La camisa de algodón blanco sigue patrones de finales del siglo XIX. Se ajusta el talle con un cuerpiño de haldetas, de color negro. La saya, de color azul marino de lana, cubre totalmente las otras prendas interiores.la blanca y bajo esta la roja (usada por las mujeres cuando tenían la regla). Se calzan con botas de caña corta y botones.

El hombre utiliza chaqueta corta y pantalón negro, camisa blanca, sombrero y calzados negros, en los más antiguos se le añadía el calzón y los calzoncillos.

⊙ Isla de La Palma

La mujer palmera rodeaba su cara con la gasa o toca al más puro estilo medieval, cubriéndose con montera de lana de varios tipos, sombrerillo de fibra vegetal o sombrero de fieltro de copa alta y ala grande, según las ocasiones. La camisa solía ir guarnecida en los puños con bordados en realce de color blanco. Usaban sayas de lana de colores lisos y sobrios o las de seda, color grana, para las fiestas. Las enaguas de lienzo iban guarnecidas en el bajo ruedo con bordados negros a punto de cruz.

El hombre usaba la montera de capa o embozar, realizadas en lana. Sombreros de palma, y en las ocasiones especiales de fieltro negro. Otra prenda muy usada para las faenas eran los zamarrones (mandiles de lino o cuero). La anguarina (especie arcaica de abrigo) se mantuvo en uso hasta finales del siglo XIX, llevada como prenda de abrigo y de ocasiones especiales.

⊙ Isla de El Hierro

La mujer cubre su cabeza con pañuelo y sombrero de paja de centeno, de copas semiesférica y gran ala tendida. Resaltan los manguitos o mangos que cubren el brazo y parte del antebrazo, logrado de la moda renacentista española. Las sayas de sarga de lana solían ser de colores oscuros y más raramente con algunas listas en blanco.

Los hombres cubren su cabeza con la montera cónica, en sus orígenes erguida y posteriormente caída a un lado. Resaltan los majos de cuero crudo que han llegado hasta casi nuestros días, que han sido sustituido el cuero por goma. Las capas de lana, fueron sustituidas a finales del siglo XIX por capotes de menos ruedo o mantas como las de Tenerife.

⊙ Isla de Gran Canaria

La mujer de esta isla usó con preferencia el sombrero de fieltro, como el de los hombres pero más pequeño, bajo el cual portaba la mantilla de diferentes colores, forros y guarniciones en sus modelos más antiguos. En el siglo XIX se simplifico en su corte y adornos, fijándose el modelo en color blanco o negro, que ha llegado hasta nuestros días. Era frecuente el uso del jubón de manga al codo.

Los hombres usaron las monteras de casco cónico adornadas con borlas tanto erguidas como con el cono caído. Los vuelos eran de diferentes formas e iban forradas de telas de colores contrastes. La prenda de abrigo más común del campesino era la camisuela (especie de capotín-abrigo) a veces con capillo de color blanco con listas marrones y verticales.

Característico de esta isla era también el capote marsellés (especie de abrigo de lana con esclavina de color blanco), los calzoncillos de lino, muy anchos y cortos conocidos como nagüetas.

⊙ Isla de Lanzarote
La mujer se caracteriza por el uso de la toca semicircular de lienzo fino, sobre la cual coloca un sombrero de copa ovalada y vuelos planos de regular tamaño. El justillo, la falda listada y a veces delantales de adorno complementan su atuendo.

El hombre usaba montera de embozar adornada en su casco cónico con gran escarapela de cintas rojas. Se distinguían por sus largos abrigos azul marino, abotonados en su parte frontal.

En la actualidad, las mujeres de ámbito rural siguen usando dos tipos de tocados. Un sombrero troncocónico de palma, de ala grande, conocido como de casada, y una capota o gorra de tela con una gran visera y un volante tableado para cubrir el cuello llamada de soltera.

⊙ Isla de Fuerteventura

Los majoreros se cubrían con monteras de casco cónico muy similares a las de Lanzarote y Gran Canaria. A finales del siglo XIX fueron sustituidos por sombreros de fieltro. Los chalecos contemporáneos a las monteras se adornaban en la espalda con guarniciones de paño picado en diente de sierra.

En la década de los treinta del siglo XX, se diseño un traje típico, con su sombrero del norte de Marruecos y unas faldas caladas, a manera de manto y saya, componiendo un modelo grotesco, siendo este el único traje usado en la actualidad como traje típico de la isla.

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10/5/10

133/ La Oliva

El municipio de La Oliva se encuentra enclavado en el norte de la isla de Fuerteventura, con una superficie de 356,13 km2 (21,5% del total insular), incluyendo la isla de Lobos. Al límite Sur está el municipio de Puerto del Rosario, en una línea que discurre, de Este a Oeste, a través de la caleta del Buen Pobre, el cuchillo de Vallebrón, sigue hacia el pico de la montaña de La Muda, descendiendo por el espigón de La Mesa hasta el malpaís de Montaña Quemada, alcanzando la costa occidental por el Jable de Janubio.



Entre los innumerables atractivos del municipio son de obligada visita sus espacios naturales. La Montaña de Tindaya es un espacio singular que contiene importantes valores arqueológicos y geológicos. El Parque Natural de Corralejo se caracteriza, principalmente, por su espectacular campo de dunas. El Parque de Lobos alberga unas 130 especias animales y vegetales, en medio de un paisaje escasamente alterado por el hombre. El Monumento Natural del Malpaís de la Arena es fruto de unas erupciones volcánicas de hace unos diez mil años que dieron origen a un paisaje de gran belleza. El Por último, el Paisaje Protegido de Vallebrón conserva las estructuras construidas por el hombre para el aprovechamiento agrícola de la tierra en medio de un fértil valle.

Conforman el municipio los pueblos de La Oliva, su capital; Tindaya, Vallebrón, La Caldereta, Tostón o El Cotillo, El Roque, Los Lajares, Villaverde, Corralejo, Majanicho y Parque Holandés . Recientemente, se ha consolidado el asentamiento de La Capellanía, entre Villaverde y Corralejo. Se une a estos pueblos la isla de Lobos.



La delimitación territorial del municipio no ha sufrido variaciones importantes a lo largo de su historia, puesto que estaba basada en la estructuración eclesiástica que se realiza durante el siglo XVIII.

En 1837 la isla pasa a ser administrada por la Corona Española, gracias a la abolición de los señoríos.

En esa misma década, la reestructuración del territorio español en demarcaciones municipales hace posible la creación del Ayuntamiento de La Oliva y de su término municipal.

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6/5/10

132/ Salto del Pastor

La denominación de salto del pastor proviene de la relación de esta práctica con la tareas propias del pastor cuando acompaña a su ganado. Aparentemente, el palo para realizar saltos es muy semejante al garrote empleado para el juego del palo grande; la diferencia reside en la incorporación castellana del regatón, o pieza de hierro, a modo de capuchón, que se sitúa en el extremo que se apoya en el suelo, asegurándose así el mejor agarre.

Espinosa, en 1594, aporta la primera referencia acerca de esta práctica aborigen en Tenerife:

«Otras mil gentilezas hacen, como es arrojarse peña abajo con una lanza muchos estados, que, como son a todos notorias, no quiero gastar tiempo en escribirlas».

El viajero portugués Gaspar de Fructuoso, a finales del siglo XVI, en la isla de La Palma, describe la actividad con cierto lujo de detalles. Esta referencia, junto a la de Verneau (1891), son las más definitorias de esta habilidad:

«Arrójanse con la lanza, llevada a lo largo del cuerpo del hombre, terciada de manera que ponen un tercio primero en la tierra o piedra donde dan con una contera de acero que trae la lanza, de un palmo de larga con su cubo, sin que pueda desviarse de donde da, y aunque sea tres lanzas de alto se tiran abajo y vienen a ponerse en el suelo con tanta facilidad, que parecen aves». (Gaspar de Frutuoso, 1590).

Se conocen distintas formas de medirse los pastores a modo de juego, en las que se cuentan proezas, como a saltar cada vez a mayor altura, o un salto desde lo alto del campanario de la iglesia consiguiendo agujerear una moneda puesta en el suelo; o a otras formas menos frecuentes, como saltar pequeñas alturas con el palo sujeto a la espalda.

El salto del pastor es una actividad de deambulación por medio de una palo grande, lanza o garrote, con el fin de salvar los desniveles y accidentes del terreno. Su práctica se conoce en todas las islas.


Existen diversos tipos de saltos y técnicas para realizarlos. Los tipos más comunes de saltos son a apoyar y deslizarse por la lanza, cuando la altura que se salva es menor que la altura de la lanza; a regatón muerto, cuando se salta al vacío. La técnica más empleada es la de apuntar con el regatón a un lugar, apoyar y deslizarse con las manos, manteniendo éstas una con la palma de la mano hacia arriba, el brazo extendido y cerca de los muslos, y la otra sosteniendo el palo en su extremo superior con el brazo flexionado; se busca que el cuerpo rápidamente se adose al palo, de manera que mantenga durante toda su ejecución el equilibrio, por ello se recomienda que las puntas de los pies deben caer muy cerca del regatón (caer a plomo).

También se conocen otros juegos derivados del uso de la lanza, que demuestran el dominio de esta herramienta por parte de los pastores.

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4/5/10

131/ Santa Cruz de Tenerife

Santa Cruz de Tenerife se sitúa en el extremo oriental de la isla de Tenerife, la más grande del archipiélago canario, a una latitud norte de 28º 28' y a una longitud oeste de 16º 15'. El término municipal tiene una superficie de 150,56 kilómetros cuadrados y está dividido en dos ámbitos bien diferenciados: de un lado el antiguo Macizo de Anaga y de otro, la rampa meridional formada por coladas que abarcan desde la cumbre de Acentejo hasta la costa. La altitud máxima que se alcanza en el municipio es de 750 metros sobre el nivel del mar aunque hay zonas céntricas como la Plaza de España que se elevan tan sólo 4 metros. Más de la mitad del perímetro municipal está ocupado por superficie costera (58 kilómetros de costa en 111 kilómetros de perímetro municipal).



Historia de La Ciudad

Antes de la llegada de los conquistadores castellanos, el territorio donde hoy se asienta la ciudad estaba constituido por zonas de vegetación salvaje pertenecientes al menceyato (reino) de Anaga, que gobernaba el Mencey Beneharo. La historia prehispánica de la ciudad está protagonizada por el legado de los guanches y por algunas expediciones extranjeras que llegaban a la costa. En 1494, en uno de estos viajes, arribaron los castellanos y establecieron en Santa Cruz el campamento base para la conquista de la isla, que se prolongó hasta 1496, año en que Tenerife fue incorporada a la Corona de Castilla.

Desde el principio el núcleo económico de la ciudad residía en el puerto. El primer muelle, construido en 1548, se localizaba en la playa de Añazo, pero fue destruido por un temporal. El actual puerto se corresponde con cuatro antiguos puntos de atraque en el litoral municipal: el puerto de Caballos con la caleta de Negros, la caleta de Blas Díaz, Paso Alto y el Bufadero. La bahía de Santa Cruz era apreciada por los navegantes debido a sus ventajas naturales, que la convertían en foco de avituallamiento para los navíos que partían hacia el Nuevo Mundo.

Al final del siglo XV se empezó a formar una sociedad heterogénea compuesta por soldados, marineros, mercaderes y los propios guanches que llegaron a integrarse. Los primeros asentamientos poblacionales se localizaban en el entorno del castillo de San Cristóbal, una fortaleza que protegía al pequeño pueblo de casitas terreras que se iba creando. En la segunda mitad del siglo XVI se empezó a construir la primera plaza, situada frente al castillo, que se denominaría plaza de la Pila y se corresponde con la actual plaza de La Candelaria. A lo largo de la costa se construyeron nuevos castillos defensivos porque los santacruceros tenían que defenderse de los frecuentes ataques de corsarios y piratas berberiscos, galos e ingleses. Hasta la Armada Británica, con el almirante Nelson al frente, cayó derrotada el 25 de julio de 1797. Este episodio, por su trascendencia, marcará la historia de la ciudad.

Santa Cruz siguió creciendo y pronto se topó con el obstáculo del barranco de Santos que fue salvado con la construcción de varios puentes: puente de El Cabo, puente Zurita, puente de Las Asuncionistas, etc. Poco a poco se fue formando un tejido urbano a ambos lados del barranco compuesto por pequeñas calles y caminos de herraduras.


Año 1940. Puente Galcerán. (pulsa sobre la imagen para ver mas fotos)

En el siglo XVIII se produjo la primera expansión de Santa Cruz, derivada de una serie de factores, como el traslado de la residencia del comandante general desde la ciudad de La Laguna al castillo de San Cristóbal. El trasvase de la capitalidad de la isla originó una nueva dimensión administrativa. Además, en 1803 Santa Cruz fue considerada villa exenta y se constituyó el primer ayuntamiento. La ciudad cobró importancia y a ello había contribuido también la destrucción del puerto de Garachico, a causa de la erupción volcánica de 1706, pues trajo consigo un desplazamiento de la actividad económica y comercial y el establecimiento de una burguesía que quería controlar los negocios portuarios.

Esta creciente población es la que pronto demandó servicios y zonas de ocio. La Alameda del Duque, la plaza del Príncipe, la plaza de Weyler y la recova acogían el bullicio y el trasiego de los santacruceros. A los primitivos núcleos, como el Toscal, se fueron añadiendo parcelas de casas y parques que compusieron nuevos barrios. En el siglo XX y con la llegada de la modernidad y el "boom" demográfico, la ciudad extendió sus límites todo lo posible hasta convertirse en la gran urbe que es hoy y cuyas fronteras se desdibujan por la cercanía de las aglomeraciones urbanas de los municipios colindantes.

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3/5/10

130/ Las Palmas de Gran Canaria

Nuestra ciudad, con 530 años de historia, fue en sus inicios más campamento militar que urbe. El Real de Las Palmas, levantado en la margen derecha del barranco Guiniguada, fue el primer centro urbano ultramarino de Europa y sirvió como ejemplo para crear centenares de ciudades en América, desde la Patagonia a Estados Unidos.

El 24 de junio de 1478 es la fecha de fundación de la ciudad. En poco tiempo, el Real de Las Palmas pasó de bastión militar -desde el que se inició la conquista de Gran Canaria- a floreciente villa. Donde hoy se ubica la Ermita de San Antonio Abad y la Casa de Colón, hincaron los castellanos sus pendones.


Casa de Colón

Finalizada la conquista de la Isla, seis años después, se dio inicio a la colonización con el reparto de tierras y la introducción de la caña y la fabricación de azúcar destinada a los mercados europeos. Es este cultivo el que determina el primer impulso económico, demográfico y urbanístico importante de Las Palmas de Gran Canaria. Permite el ‘salto’ al otro lado del Guiniguada y da lugar a la formación de Triana. Un barrio, desde sus comienzos, comercial y marinero, pues también aquí -en el actual parque de San Telmo- se ubica el primer puerto.

Durante siglos, la capital grancanaria se limitó a una y otra zona, debido a las murallas que sirvieron para su defensa ante la multitud de ataques piráticos que padeció en los siglos XVI y XVII. Así, mientras en octubre de 1595 las milicias de canarios rechazaron la embestida de 27 navíos capitaneados por los británicos John Hawkins y Francis Drake; en junio de 1599, los holandeses, al mando de Van der Does, protagonizaron uno de los episodios más trágicos de nuestra historia, con el saqueo y el incendio de las edificaciones más representativas.

Foto antigua del muelle de San Telmo.La industria de la cochinilla y la construcción del nuevo puerto en el XIX sacan a la ciudad del largo letargo de los siglos anteriores, sólo amortiguado por las innovaciones de la Ilustración. A mediados de centuria la ciudad comienza a extenderse hacia la bahía de La Isleta, hacia el actual Puerto de La Luz, cuya construcción en 1883 propició la modernización de la ciudad. Sin el Puerto, Las Palmas de Gran Canaria sería otra.

Por el mar llegaron los viajeros y los pobladores que han ido conformando la imagen abierta y amable de los palmenses. Castellanos, flamencos, genoveses y portugueses buscaron aquí tierras libres para asentarse; hicieron parada de camino a América o emplearon la ciudad como plataforma tricontinental. Las Palmas de Gran Canaria es un crisol de razas y culturas, una sociedad cosmopolita.



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