28/4/09

101/ ARICO


El Municipio de la Villa de Arico en la Isla de Tenerife, es un espacio enmarcado por pinares y tabaibas, auténtica joya de paz, un lugar donde el silencio se hace eco en los profundos barrancos, un rincón en el que la naturaleza y el hombre han esculpido el paisaje cuajado de cambiantes juegos de tonalidades. El Municipio, es el segundo en extensión de la Isla, y además de su condición agrícola cuenta con un Parque Eólico, una Quesería, una bodega comarcal, empaquetados de tomates, canteras, una serie de alojamientos rurales y buenos rincones gastronómicos, tanto en los altos como en la costa. En el paisaje reinan la soledad, el silencio y el viento, el mismo que asciende como un suspiro en busca de las faldas del Teide.

Arico es un mundo distinto que penetra en los sentidos. Son tierras recorridas por coladas volcánicas, son senderos y caminos, muchos de los cuales se conservan desde la época prehispánica en la que los rebaños los recorrían en busca de otros pastos, casi como una premonición del importante papel que jugaría la ganadería en esta parte de la Isla.


El secreto mejor guardado de Arico es el perfil de sus pueblos, y se lucha de forma denodada por que sigan siendo un atractivo de primer orden dentro de la oferta cultural de la Isla. Los ariqueros, aproximadamente unos 7.535, se sienten orgullosos de que los visitantes, al pasear por Arico, sientan lo más parecido a una visita anacrónica a los tiempos de los abuelos, el sabor inconfundible de lo antiguo, sin que por ello no abunden atisbos de modernidad y progreso. Factores que no deben de arrancar lo más hermoso que conserva el Municipio: la devoción a la Virgen de Abona y a todos los Santos titulares de iglesias y capillas; las joyas patrimoniales del caserío de Icor, Arico Nuevo e iglesia de San Juan de la Villa de Arico; ruta de la piedra y la cultura de los labrantes; rebaños y quesos; cepas y vinos pero, sobre todo, el talante de su gente.

El Municipio tiene también una larga historia, la de su antiguo puerto de mar del Porís de Abona, salidero del sur de Tenerife, por donde se embarcaba la célebre loza chasnera y la pez resultante de sus hornos de piedra, testigos de la quema ingente de la masa forestal de los altos.

Obligado alojarse en una de las muchas casas rurales, visitar el caserío de Icor, el Barranco de El Río, la Iglesia de San Juan Bautista de Villa de Arico, el pueblo de Arico Nuevo, las zonas altas de Chajaña, La Majada, El Contador, etc., saborear los vinos de Cumbres de Abona, probar los quesos de Arico y degustar el pescado fresco en las costas o el célebre puchero y el pescado salado con castañas en Arico Viejo.

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21/4/09

100/ César Manrique


César Manrique nació en Arrecife el 24 de abril de 1.919. En aquel tiempo sus padres vivían en el Charco de San Ginés. Su padre era comerciante, su abuelo notario y una de sus abuelas procedía de Sevilla, mientras que su familia era originaria de Castilla. Manrique tuvo dos hermanas, una de ellas gemela suya, y un hermano,

Tras estudiar primaria y secundaria, marchó a la Universidad de La Laguna para estudiar arquitectura técnica, pero después de dos años los abandona y, en l.945, ingresa en la Academia de Bellas Artes de San Fernando, en Madrid, graduándose cinco años más tarde como profesor de dibujo y pintura,Cuando contaba 23 años de edad realiza su primera exposición pictórica en Arrecife propiciada por Pepin Ramírez Este amigo de la infancia se convertiría más tarde en uno de los más prestigiosos políticos que ha dado la isla, posibilitando que César Manrique realizara sus creaciones en Lanzarote.

"Cuando era niño pasaba los veranos en Famara, un pequeño pueblo de pescadores en la costa nordeste de Lanzarote. La belleza del entorno causó en mi una fuerte impresión, especialmente los imponentes Riscos de Famara, ante los que pasé horas interminables cautivado por su reflejo sobre la arena mojada durante la marea vacía.
Bebí de los colores de aquel microcosmos contenido entre el cielo, el mar y los Riscos de Famara, curioseé entre la flora y la fauna y quedé marcado por las texturas de la tierra. Aquellos felices veranos de mi infancia motivaron más tarde mi labor de defensa de la naturaleza."




El surrealismo se incorpora al arte mundial en l.954, fecha en la que Manrique, junto con un grupo de artistas afines, crea la vanguardia del arte abstracto y abre la primera galería no figurativa de España, denominada Fernando Fé. Este movimiento artístico nace en una época particularmente difícil apenas 15 años después de finalizada la Guerra Civil, en el instante del inicio de la consolidación internacional de la dictadura del General Franco.
En l.964 Manrique marchó a Estados Unidos invitado por Nelson Rockefeller, quien había adquirido algunas de sus pinturas. Expuso en Houston y New York, donde la prestigiosa galería Catherine Viviano lo representó en exclusiva durante los próximos cuatro años.

En 1966, regresa de manera definitiva a Lanzarote. Manrique desarrolla una intensa labor como creador de espacios. Sin embargo, pese a esta ocupación, nunca abandonará su condicíon. Desde finales de los 60 a principios de los noventa, su actividad plástica, siempre matérica y abstracta, sigue caracterizada por la experimentación de la materia, así como la recuperación del color de la etapa de los cincuenta.



"Cuando regresé de New York vine con la intención de convertir mi isla natal en uno de los lugares más hermosos del planeta, dadas las infinitas posibilidades que Lanzarote ofrecía. Solicité la ayuda de Pepín Ramírez Presidente entonces del Cabildo Insular, quien apoyó mis proyectos con entusiasmo".

De las primeras cosas que Manrique intentó y consiguió fue convencer a sus paisanos de la importancia de basarse en la arquitectura tradicional para la construcción de las viviendas, así como erradicar el uso de las vallas publicitarias del paisaje y de las carreteras.

Durante varios años trabajo en la creación de espacios urbanos únicos y perfectamente integrados en el entorno de la isla de lanzarote, así , en colaboración con el cabildo insular cuyo presidente en aquel momento era su amigo Pepín Ramírez, desde finales de los 60 se inician varias obras en distintos puntos de la isla: la casa-museo El campesino, se instala la escultura Fecundidad, comienzan las obras de El Restaurante El Diablo, Timanfaya, Mirador del Río, Jameos del Agua, rehabilitación del castillo de San JoséInicia la construcción de su casa Taro de Tahiche que más adelante se convierte en la Fundación que lleva su nombre. Y más adelante el Jardín de cactus y su casa en Haría.

También abrió un centro cultural multidisciplinar llamado El Almacén que ha vuelto a abrir sus puertas hace pocos días, tras un período de reformas

Continuó con su creaciópn pictórica y exponiendo en el extranjero durante varios años, incluso creo y colaboró n muchos proyectos de canarias, península y europa.

Lucho por la conservación ecológica, ya en una época donde las palabras ecología y medio ambiente no eran tan habituales como ahora, y tuvo que enfrentarse ante la justicia., por sus actuaciones en defensa de esa convicción. Era un hombre consecuente con lo que decía y en la realización de su obra integrada en la naturaleza nunca añadió nada a lo que la naturaleza había creado se limito a resaltar su belleza.

Recibió gran cantidad de premios y el reconocimiento de personalidades de varios paises.

Murión trágicamente en un accidente de tráfico el 25 de septiembre de 1992.

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1/4/09

99/ Puntallana



Puntallana limitando al Sur con S/C de la Palma, y al Norte con San Andrés y Sauces, es un municipio eminentemente rural. El casco antiguo de Puntallana es uno de los primeros núcleos de población que se forman en la Isla después de la Conquista y constituye el mejor ejemplo de la arquitectura rural de La Palma.

Puntallana está rodeada de montañas y llanos agrícolas, como es el caso de Tenagua, desde donde contemplamos unas espectaculares vistas de la comarca Este de La Palma. Además de otros bellos a parajes como la playa de Nogales y los barrancos como La Galga, del Agua y Seco. La forma triangular del municipio, que hace coincidir su base con la costa, nos permite tener una idea de la riqueza y variedad de este municipio.

Continuando con nuestra visita podemos pasarnos por Santa Lucía, en su ermita vemos vestigios de nobleza que antaño disfrutó de su clima y buena huerta.

Seguidamente, aparece el casco antiguo, con su iglesia de San Bautista, una de las primeras de la Isla, junto a diversas edificaciones que nos da idea de la vida de los puntallaneros en las antiguas casas tradicionales de Canarias. Como por ejemplo la visita obligada a la Casa Luján, una edificación de mediados del Siglo XIX, enclave artístico donde el visitante tiene la posibilidad de conocer nuestras costumbres y tradiciones, ya que ha sido acondicionada y dotada como museo etnográfico, centro de promoción y venta de artesanía y productos artesanales locales y punto de información turística.

Bajando la carretera del antiguo pueblo podemos ir hasta Martín Luís, fuente de riqueza agrícola, que hoy en día destaca por su producción platanera que se extiende hacia El Granel.

Volvemos a la carretera principal, pasando por el Barrio del Granel entramos a La Galga (denominada despensa de la isla, por sus inmejorables cultivos), pasando por unos barrancos impresionantes que junto con otros parajes forman el pulmón de la Isla Bonita, encontramos El Cubo de La Galga, lugar de visita muy recomendado para todos aquellos amantes del senderismo y de lo verde, un auténtico tesoro que la naturaleza ha querido dejar en Puntallana. Finalmente podemos contemplar una maravillosa vista desde el Mirador de San Bartola, su ermita y el Mirador de la Montaña.



La historia nos dice que, escasas fechas antes de que Colón arribara al Nuevo Mundo, Alonso Fernández de Lugo inicia la conquista de la Palma. También, las crónicas recogen que no se le presentaron a Lugo grandes dificultades para añadir el pequeño territorio de esta isla a las cada día más extensas posesiones de la corona española porque sólo unos pocos meses después de desembarcar en la costa de Tazacorte y de comenzar la empresa de la conquista, los Reyes Católicos reciben alborozados la noticia, a mediados de 1493, de que una isla de inmenso y escasamente conocido Atlántico acababa de entrar a formar parte de sus dominios.

Los primeros pasos de la Palma en la historia tienen mucho que ver con la llegada de pobladores, los repartimientos de terreno y los subsiguientes asentamientos, que tienen lugar luego de finalizada la conquista. Al igual que en otros puntos de la isla, en la zona Puntallana los asentamientos son bastante tempranos. Prueba de ello es que ya en 1515 la ermita que se había construido en el núcleo principal de la comarca de Puntallana era declarada Iglesia Parroquial y Bautismal en las Sinodales del Obispo Vázquez de Arce. Poco a poco se van definiendo y consolidando los núcleos poblacionales de la zona: Tenagua, Santa Lucia, San Juan de Puntallana, El Granel y La Galga. De estos momentos iniciales contamos con un testimonio de singular interés. Se trata de la descripción que de la comarca de Puntallana nos deja Gaspar Frutuoso (1522-1591), un clérigo de Azores, que la incluye en el libro I de su obra "Saudades Da Terra", y que reproducimos a continuación del original portugués:"..Hay también otro barranco que se llama el Barranco Seco por no llevar agua, y desde él hasta la sierra hay campos llanos cubiertos de arrayán, brezos y poleos, en los que viven muchos conejos, y se extienden al norte media legua hasta los pinares de la parte de Tenagua, y se coge mucho trigo. Del Barranco Seco suben a Punta Llana... que es camino recto para Los Sauces, San Andrés, La Galga y Los Galguitos y Las Lomadas; y después de subir vuelven a bajar para Tenagua, donde hay una fuente de agua buena, que nace en tierras llana, entre unas lajas movibles; un poco más arriba de esta fuente comienzan las tierras labrantías de Tenagua, en las cuales se da mucho trigo; y hasta los almácigos no hay por allí otra planta, sino cardones y cardos entorno a las rocas que caen sobre el mar, y por esta parte son muy altas, yendo todo este término hasta la parte del norte desde las rocas, haciendo como ladera muy escarpada en la parte de arriba.

Los almácigos son tres o cuatro árboles parecidos a olivos pero más bajos, porque no crecen mucho de alto sino alrededor, tienen la hoja muy gruesa y luciente, de la cual, cocida en agua y en vino blanco, con unos hierros viejos dentro, hacen tinta muy fina para escribir sin añadirle agalla estoni caparosa ni otro material; árboles no dan otro fruto que la goma que llaman almáciga, que es medicinal para muchas cosas y para hacer barniz fino; jamás pierde la hoja... ni el verdor, y su sombra es muy fresca, por lo que parece que Dios lo puso en este lugar, junto al camino, para alivio de los que transitan por él, y como árboles reales nadie coge de ellos más que alguna rama pequeña y hojas para medicinas, lavatorios y tintas. La tierra es tan gruesa y de masapés, que por mucha agua que llueva la embebe toda, y por eso se llama (según mi parecer) Tenagua, o por que hay en torno a este lugar cuatro o cinco fuentes hasta llegar al Barranco de Santa Lucía. Tenagua comienza desde la salida del Barranco Seco, donde luego toma su nombre yendo hacia Punta Llana hasta la estrada del Barranco de Santa Lucía, de más de media legua de ancho de este a oeste y de sur a la banda del norte casi otra media legua, pues acaba su límite en el tanque de Luís Álvarez, junto a los arrayanes; debajo del camino está una fuente bien labrada, hecha en cuadrado en piedra viva, que se hizo a picareta y escoda en la misma roca donde nace, y luego abajo un tanque donde beben los ganados y se lava la ropa de todo aquel vecindario; la cual dice que mandaron hacer Luís Álvarez y Rodrigo Anes de Tenagua.

La bajamar debajo de esta fuente es muy llana y da mucho trigo, cercada alrededor, a modo de muro, de cardones grandes por espacio de dos modios de tierra y otro modio donde se llama el Puerto de la Nao, distante de Punta Llana más de media legua; estos dos modios de tierra de bajamar se llaman Punta Llana, que es de masapes grueso.

Volviendo al Barranco de Santa Lucía, que tiene este nombre por una ermita de esta santa que allí se encuentra y que está cerrado de rocas por ambas partes, a la entrada tiene una fuente con la que podrían regar las viñas y los árboles que tienen si quisieran, pero en esta isla ni es costumbre ni necesario regarlos, por lo que se ve que es más fértil que Tenerife, donde se acostumbra a regar. Más allá de las tierras de Santa Lucía y después de Punta Llana está la iglesia parroquial de San Juan, con cien vecinos, todos labradores; hay buenos vinos donde llaman El Granel y El Sabinal, tiene legua y media de término, que llega del fin de Tenagua hasta La Galga, que es más de legua y media de largo, y de ancho del mar a la cumbre, toca hasta la bajamar, donde hay una bahía honda y espaciosa, que por la parte del sur tiene una entrada tan ancha, que puede caber por ella una nave grande y puede servir para galeras; este lugar se llama el Ancon, donde hay muchas clacas y mariscos.

Más allá hay viñas en otros barrancos, y en esta parte los pinos son más gruesos que en el resto del monte, pues pasan de diez palmos de cuadra los que se pueden aserrar, y de alto son de 30 a 40 palmos. Este lugar tiene una fuente grande y en él hay muchos árboles frutales, en especial peras pardas, limones de tajada, llaman franceses, y todos los agrios. Algunos vecinos nobles y ricos viven donde dicen El Granel y El Sabinal tierra de trigo y viñas y pastos, abundante de carne y fruta.

Pasado El Sabinal yendo para Los Sauces, está el Barranco de Nogales llamado así porque comienza debajo del lugar de La Galga, donde hay muchos nogales y castañeros; de la misma forma que El Granel se llama así por un granel grande, que está hecho sobre estos desde muy antiguo, y en el que los vecinos del lugar guardaban el trigo; y El Sabinal, porque por la parte del Barranco de Nogales hace una ladera donde hay muchas sabinas, que es una madera parecida a la del cedro y de mejor olor, pero de color más claro. Y toda esta parte del poniente está muy cultivada. Más allá de la parte de El Granel están las tierras del Pino, llamadas así por encontrarse en ellas un pino manso, que no hay otro en toda la isla, porque los demás son pinos de tea.

Una vez pasado el Barranco Hondo se comienza a encontrar en las tierras labrantías de La Galga, así llamadas por ser sitio redondo como una galga que echan a rodar por una ladera; aquí hay muchos árboles y frutas, trigo, viña, huertas y legumbre, fuentes y aguas; este lugar es de labradores y aserradores; tiene su iglesia bajo la advocación del Nacimiento de Nuestra Señora y en lugar viven unos cincuenta vecinos. Luego sigue el Barranco del Vizcaíno, que va del mar a la sierra y que está plantado de viña en las laderas de ambas bandas."

Como vemos, desde muy temprano, la zona de Puntallana ya había definido los límites precisos de su andadura en el tiempo y los rasgos propios de su identidad. Su tierra siempre mimada por la brisa y la bruma, desde antaño vestida de viñas y de pino, salpicada de lagares y trigales; sus hombres, fieles depositarios de una sabiduría ancestral que habla de respeto, tradición, recogimiento, y amor al trabajo y a la tierra.

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