101/ ARICO


El Municipio de la Villa de Arico en la Isla de Tenerife, es un espacio enmarcado por pinares y tabaibas, auténtica joya de paz, un lugar donde el silencio se hace eco en los profundos barrancos, un rincón en el que la naturaleza y el hombre han esculpido el paisaje cuajado de cambiantes juegos de tonalidades. El Municipio, es el segundo en extensión de la Isla, y además de su condición agrícola cuenta con un Parque Eólico, una Quesería, una bodega comarcal, empaquetados de tomates, canteras, una serie de alojamientos rurales y buenos rincones gastronómicos, tanto en los altos como en la costa. En el paisaje reinan la soledad, el silencio y el viento, el mismo que asciende como un suspiro en busca de las faldas del Teide.

Arico es un mundo distinto que penetra en los sentidos. Son tierras recorridas por coladas volcánicas, son senderos y caminos, muchos de los cuales se conservan desde la época prehispánica en la que los rebaños los recorrían en busca de otros pastos, casi como una premonición del importante papel que jugaría la ganadería en esta parte de la Isla.


El secreto mejor guardado de Arico es el perfil de sus pueblos, y se lucha de forma denodada por que sigan siendo un atractivo de primer orden dentro de la oferta cultural de la Isla. Los ariqueros, aproximadamente unos 7.535, se sienten orgullosos de que los visitantes, al pasear por Arico, sientan lo más parecido a una visita anacrónica a los tiempos de los abuelos, el sabor inconfundible de lo antiguo, sin que por ello no abunden atisbos de modernidad y progreso. Factores que no deben de arrancar lo más hermoso que conserva el Municipio: la devoción a la Virgen de Abona y a todos los Santos titulares de iglesias y capillas; las joyas patrimoniales del caserío de Icor, Arico Nuevo e iglesia de San Juan de la Villa de Arico; ruta de la piedra y la cultura de los labrantes; rebaños y quesos; cepas y vinos pero, sobre todo, el talante de su gente.

El Municipio tiene también una larga historia, la de su antiguo puerto de mar del Porís de Abona, salidero del sur de Tenerife, por donde se embarcaba la célebre loza chasnera y la pez resultante de sus hornos de piedra, testigos de la quema ingente de la masa forestal de los altos.

Obligado alojarse en una de las muchas casas rurales, visitar el caserío de Icor, el Barranco de El Río, la Iglesia de San Juan Bautista de Villa de Arico, el pueblo de Arico Nuevo, las zonas altas de Chajaña, La Majada, El Contador, etc., saborear los vinos de Cumbres de Abona, probar los quesos de Arico y degustar el pescado fresco en las costas o el célebre puchero y el pescado salado con castañas en Arico Viejo.

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