14/6/10

La Conquista de Canarias

Tras casi 100 largos años de lucha los aborígenes canarios perdieron definitivamente su libertad. Pero la vendieron muy cara, con valor, tenacidad, heroísmo…causando al conquistador graves pérdidas y sufrimiento. Las islas fueron incorporadas a la corona de Castilla y sus habitantes sometidos a la ley de sus católicos reyes.


La conquista de Canarias hay que situarla en el contexto de la expansión atlántica que distintos estados europeos inician a finales del siglo XIV en su afán por abrir rutas y vías de comunicación con las Indias, circunnavegando Africa, para proveerse de especias, seda, esclavos o metales preciosos. En este sentido el archipiélago canario ofreció una sólida e importante base de escala y avituallamiento para los barcos que seguían esta ruta, y aprovechando sus posibilidades humanas y materiales, también sirvió para obtener recursos demandados por los mercados de Europa, principalmente mano de obra y productos como la orchilla o la barrilla de los que se lograban colorantes para una floreciente industria textil.

El proceso conquistador fue lento, durará casi todo el siglo XV, y en líneas generales se desarrolló en dos fases diferenciadas cuyas características condicionarán la evolución histórica posterior de cada una de las islas.

La fase inicial comienza en 1402 con la llegada del normando Jean de Bethencourt a Lanzarote. Esta es la identificada como fase señorial, ya que durante la misma las islas que se conquistan, Lanzarote, Fuerteventura, La Gomera y El Hierro, van a serlo por parte de nobles europeos, ya sean franceses como Bethencourt o Gadifer de La Salle o castellanos como Hernán Peraza y Diego de Herrera, que poniéndose al servicio de los monarcas de Castilla emprenden la conquista como una empresa particular, obteniendo de ello derechos señoriales o feudales sobre las tierras y los pueblos conquistados. Derechos que tendrán un carácter hereditario y condicionarán las formas de explotación económica y el control sociopolítico de las islas mencionadas hasta bien entrado el siglo XIX.


La segunda fase en el proceso de conquista de Canarias es identificada por la conquista realenga, llamada así porque en la misma los reyes de Castilla se implican de forma directa, colocando a las islas conquistadas durante esta etapa, Gran Canaria, La Palma y Tenerife, bajo su directo control señorial y político. Aquí habrá que distinguir tres agentes que intervienen en el proceso: los monarcas que disponen y ordenan la conquista, los comerciantes y banqueros (fundamentalmente genoveses) que la financian a cambio de concesiones económicas importantes sobre las islas conquistadas y, por último, los conquistadores, que organizan las huestes militares, someten a la población aborigen y se verán beneficiados por el reparto posterior de las tierras conquistadas; reparto que se realizará teniendo en cuenta el distinto lugar que en la jerarquía militar y política ocupe cada uno de ellos.

Si en la primera fase los conquistadores realizan su tarea sin demasiadas dificultades, a partir de 1478, con su llegada a Gran Canaria, la conquista se transforma en una labor complicada y llena de riesgos. Las pérdidas comienzan a multiplicarse en distintas batallas campales, donde los aborígenes, pese a la evidente desventaja tecnológica y a la carencia de medios adecuados, presentan una feroz resistencia, alargando la conquista mucho más de lo previsto. Debemos hacer mención a la terrible derrota que sufrieron los españoles en 1494 en los barrancos de Acentejo, Tenerife, donde las tropas guanches de Bencomo y Tinguaro aplastaron al bando conquistador.



Pero en el año 1496 se culmina la conquista de Tenerife, la última en ser sometida. El Archipiélago Canario es incorporado a la autoridad de la Corona de Castilla.

En general, el proceso conquistador no siempre siguió las mismas pautas, dependiendo éstas en cada momento de las pretensiones de los conquistadores y de las actitudes de los aborígenes. Así pues, podemos encontrar desde situaciones de conquista más o menos pacífica (Jean de Bethencourt en Lanzarote), a operaciones de auténtico genocidio (Diego de Herrera en La Gomera). La actitud de los aborígenes también ofrecerá diferencias, de tal manera que junto al colaboracionismo de Fernando Guanarteme en Gran Canaria, o los llamados bandos de paces o menceyatos que se someten pacíficamente en Tenerife, nos encontraremos la resistencia a ultranza de los demás: Doramas en Gran Canaria, los bandos de guerra en Tenerife o Tanausú en La Palma. Incluso, nos hallaremos a cuerpos de tropas aborígenes que colaboran con los conquistadores para acabar con los focos de resistencia.

La conquista de las islas y su integración en el sistema castellano va a tener para los indígenas consecuencias de importancia. Se dio un proceso de aculturación que se manifestó principalmente en tres planos: El biótico, un derrumbe poblacional producto de nuevas enfermedades ante las cuales los aborígenes no tenían defensas; El ecológico, el conquistador se apoderó de tierras y ganado y no sólo acabó con el sistema económico aborigen, sino que también provocó un desequilibrio ecológico del medio con la introducción de nuevos cultivos, sistema de propiedad de la tierra y transformación de la economía ganadera; Y el socioeconómico, imponiéndose un sistema de producción de carácter mercantilista.

Los aborígenes siguieron dedicándose mayoritariamente a sus anteriores actividades, aunque algunos, bien por haber participado en la conquista o colaborado con los castellanos, recibieron como pago a sus servicios parcelas de tierra que pusieron en cultivo mediante los nuevos sistemas aprendidos. Por el contrario, a los indígenas alzados, los que no pactaron con el conquistador, o simplemente los que no se adaptaron, fueron vendidos como esclavos en los mercados de Sevilla o Valencia, o simplemente deportados a otras islas.

El final de la conquista supone el fin de la cultura y las formas de vida aborigen, algunos de cuyos rasgos persistirán durante algunos años, para sucumbir, con el paso del tiempo, ante la marginación o la persecución que sufrirían aquellos que se empeñaran en mantenerlas.

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11/6/10

San Sebastián de la Gomera

San Sebastián de La Gomera es la capital, sede administrativa y política de la isla de La Gomera. San Sebastián esta llena de cultura y tradición, de hecho en ella cabe destacar su casco antiguo, él cual cuenta actualmente con más de quinientos años de historia., desde la conquista de la isla por el reino de Castilla hasta los intrépidos viajes de Cristobal Colón hacia el descubrimiento del "Nuevo Mundo".

En San Sebastián encontraremos valiosos monumentos históricos que datan del siglo XV, como por ejemplo el Pozo de Colón, la iglesia de Asunción, la Casa de Colón o la Torre del Conde.



Si nos gusta la naturaleza hemos de saber que en San Sebastián de La Gomera, a parte de excelentes playas de arena negra, también encontraremos hermosos espacios naturales que merecen la pena ser visitados, como por ejemplo el Monumento Natural de Los Roques o la Reserva Natural de Benchijigua.

Actualmente, el puerto de San Sebastián de La Gomera es uno de los que cuentan con una mayor actividad de tráfico de pasajeros a nivel nacional, ya que se comunica a diario con las islas de Tenerife, La Palma y El Hierro.



San Sebastin cuenta con muy buenas muestras de su pasado con ejemplos arquitectónicos dignos de ser vistos que nos revelará su gran actividad religiosa, social, política y militar que han sido protagonistas de este asentamiento que cuenta ya con más de cinco siglos de antiguedad.

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8/6/10

Vela latina canaria.

HISTORIA

1. MODALIDAD

Competiciones en regatas de Vela Latina Canaria. La vela de los botes ha de guardar la forma latina de triángulo, con una medida por la eslora no superior a la eslora del bote. Deporte absolutamente amateur, tradicional y autóctono.



2. APROXIMACIÓN HISTÓRICA.

Un Bote de Vela Latina Canaria es la réplica de aquellas embarcaciones destinadas al trabajo en faenas portuarias y de pesca. Se tiene constancia periodística de la primera regata organizada, que data del 24 de Julio de 1904, con motivo de la celebración de las Fiestas Patronales del barrio de San Cristóbal. En el programa festivo del barrio se anunciaban regatas de botes de vela, desde la Puntilla hasta el Muelle de Las Palmas.Entre aquel lejano 24 de julio de 1904 y nuestros días, destacan con luz propia las décadas de los treinta a los sesenta; la primera de ellas gracias a la Sociedad Deportiva Ahemón, constituida en el seno de la familia botera y que, respetando sus peculiaridades, marcó la pauta reglamentaria y organizativa de la que adolecia la Vela Latina Canaria, siendo ésta una etapa deéntica pasión por los botes.

El uso de los botes en su inicio como instrumento de trabajo nunca estuvo contrapuesto a la utilización de los mismos como elemento de diversión y competición.Sólo hasta épocas muy recientes, se utilizó única y exclusivamente como actividad lúdico-deportiva la Vela Latina. Sólo se ha dado, al menos dentro del Estado Español, dos casos de evolución hacia un verdadero deporte de Vela Latina, a principios de este siglo: Uno en Las Palmas de Gran Canaria, “Los Botes” y otro en Cartagena, los “42 palmos” y los “21 palmos”. Hay elementos en Las Palmas de Gran Canaria que la convierten en la cuna lógica de nuestra expresión autóctona marina, el campo de regatas, su litoral y la frecuencia del alisio. No es casualidad el repetido oro olímpico ni los numerosísimos títulos internacionales de nuestros nautas, ya que además del buen tiempo, técnicos, federativos y la predisposición de nuestra gente para todo tipo de deportes, los cambios en la intensidad y en la dirección del viento en este campo de regatas, son un banco de pruebas ideal para acudir con garantías a cualquier lugar del mundo. Centrando este punto en las regatas de botes, con navegación en ceñida y con la complejidad de sus maniobras, no basta con tener una embarcación veloz, hay que añadir la puesta a punto, la coordinación de sus tripulantes y la acertada táctica de su patrón.



Este tremendo aliciente se complementa con la duración del espectáculo (una hora y cuarto, aproximadamente) y con la presencia de aficionados de principio a fin de las regatas, seguidores que contribuyeron a la ampliación de nuestra flota y que con su esfuerzo económico y con el tiempo distraído de sus obligaciones familiares, e incluso laborales. El alisio, siempre fiel, de abril a octubre cada año, garantiza un extenso calendario.

La evolución en Las Palmas de Gran Canaria estuvo condicionada, primero por la preexistencia de una fuerte tradición deportiva de Vela Latina y en función de los complicados trastornos dentro de la Gran Bahía; segundo por la presencia de un gran puerto con crecimiento continuo y tercero por la existencia de fuertes capitales relacionados con el sector portuario, que entraron en relación con las tradiciones veleras.

Importantes tradiciones constructivas navales en madera y la implantación del Real Club Náutico que se encargó inicialmente del desarrollo y consolidación del deporte de la Vela Latina. El desarrollo inicial de la Vela Latina de competición fue un proceso que se mantuvo mucho tiempo al “socaire” de la consolidación de las clases internacionales de vela ligera, sus inmediatos rivales en cuanto a competencia en recursos económicos.

Resulta fundamental el hecho de la aparición de un deporte a partir de una actividad tradicional.

La guerra civil supuso el fin de una manifestación que fue pujante en los años previos a ésta, las circunstancias económicas derivadas de la II Guerra Mundial, acaban con la continuidad de la competición en 1943, conservándose en varaderos algunos botes y desapareciendo la mayor parte de la flota por su abandono e inadecuado emplazamiento, hasta que reaparece algunos botes pequeños a finales de los cincuenta, y se volvió a recuperar en los años 60 por un segundo impulso deportivo formándose en 1961 el Club de Vela Latina.


Se solicita la preceptiva autorización de Marina y en el año 1962 se celebran dos campeonatos, uno de la serie A, botes de tamaño igual a los existentes y otro para la serie B, estos últimos más pequeños y de varios tamaños, estando comprendida la eslora de los mismos entre los 4,50 y los 5,50 metros. A partir del año 1963 sólo existen los botes de 6,55 metros de eslora.

El periodo comprendido entre los años 1965 y 1970 la competición se celebra en dos grupos, los llamados Grupo I y Grupo II, estableciéndose descenso al grupo II de los dos últimos clasificados del grupo I y ascenso a este grupo de los dos primeros clasificados del grupo II. En el año 1997, el campeonato se celebra dividiendo a los botes inscritos en dos grupos, conformándose con los tres primeros clasificados de cada grupo una liguilla de todos contra todos, a una sola vuelta, para dilucidar el título del campeón.

A finales de los 70, coincidiendo con el auge de los deportes autóctonos se incorpora la otra modalidad deportiva actual de la familia de la Vela Latina Canaria: la de los Barquillos, primero en Lanzarote y desde hace unos pocos años en Fuerteventura, que utiliza similar tipo de vela, aunque con marcadas diferencias en su casco.

Desde el año 89 se constituye la Federación de Vela Latina Canaria, nombrándose la primera Junta Gestora, celebrándose las primeras elecciones en el año 1991.

Se manifiesta mediante celebración de regatas en la misma época del año (Marzo a Octubre), aprovechando los vientos alisios; en competiciones de tres modalidades diferentes: Campeonato, Copa Isla de Gran Canaria y Torneo Eliminatorio.

Se manifiesta, también, mediante cursillo de iniciación en nuestra Escuela de Vela Latina Canaria. Mediante charlas divulgativas en colegios y asociaciones de vecinos. En certámenes de Dibujo y Fotografía. Todo ello, tiene reflejo en todos los medios informativos.

Permanece la forma de regatear, “Ceñida” (ángulo de 45º en relación con la dirección del viento).

Permanece el recorrido tradicional, con un cambio en el mismo, a la llegada del Muelle Deportivo.

Permanecen las características fundamentales y tradicionales del bote, con algunos cambios en cuanto a los materiales utilizados en maniobras y velas.

3. HA CAMBIADO.

La afición por barrios ha dado paso al patrocinador, por la importancia del apartado económico, ya que hoy día en este sentido depende de los patrocinadores.

El tamaño de la vela y aparejos, así como la calidad de los materiales usados y han cambiado los viejos patrones, que han sido sustituidos por jóvenes procedentes de la vela ligera.

El apoyo institucional, tras la llegada del Gobierno Autónomo, que le ha dado mayor importancia a los deportes autóctonos y tradicionales canarios.

Otro cambio evidente, ha sido la incorporación femenina en todas nuestras regatas de botes (a partir de los 90).


4. EVOLUCIÓN.

La Vela Latina corre peligro en su continuidad, debido a la seria amenaza que supone la transformación de “Nuestro Campo Regatas”. El litoral de la ciudad de Las Palmas de Gran Canaria, que puede verse seriamente comprometido con el nuevo Plan de Costas. Ya hemos tenido que recortar nuestra tradicional llegada al “Boyón de la Campana”, motivada por la nueva terminal de contenedores.

No apunta hacia cambios esenciales en la Competición, ya que uno de nuestros objetivos esenciales es mantener la tradición, pero si podemos decir que hemos mejorado en cuanto a infraestructuras y organización Federativa.

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