80/ AGAETE


El territorio que hoy conforma el municipio de Agaete constituye un valle que reúne en muy corto espacio gran cantidad de recursos, por lo que no es de extrañar que en este lugar se asentara ya desde época precolonial una importante comunidad de población. Prueba de ello son los numerosos yacimientos arqueológicos existentes en la zona, entre los que podemos encontrar todo tipo de estructuras y restos materiales pertenecientes a la antigua población insular.
AGAETE
Datos del municipio
Superficie: 45,5 km.2
Población: 5.613 hab.
Longitud del litoral: 11,74 km.
Altitud capital municipio: 43 mts.
Altitud máxima: 1.440 mts.
Las casas de piedra seca de los altos de Guayedra, de la playa de El Risco, de La Palmita o de Tirma, junto con las cuevas de habitación naturales y artificiales del Risco de la Escalera y del Andén de las Cuevas, nos hablan del tipo de viviendas que estas gentes utilizaban. Los graneros excavados en la roca de Bisbique, en el Valle, Las Peñas, en Agaete, o el de la Cueva del Moro, en el barranco del Juncal, nos llevan a pensar en una economía basada en la siembra, recogida y almacenamiento de los cereales. Los distintos tipos de enterramientos en cuevas, como en el Roque Antigafo, y tumulares, como los de Guayedra, el Juncal, el Lomo de Troya o la espectacular necrópolis del Maipés de Agaete, con más de 600 estructuras funerarias, nos informan de las distintas actitudes que frente a la muerte tenía la población aborigen de la zona. Con todo, el período anterior a la conquista y colonización de la zona se nos presenta como rico y complejo, quedando al día de hoy mucho por investigar. En 1478, las fuerzas castellanas, al mando de Juan Rejón, entran por el puerto natural que se formaba en Agaete, para dar comienzo a la conquista de la isla. Pedro de Vera, que sustituye a Juan Rejón en 1480, manda a construir en Agaete una torre o fortaleza, la Casa Fuerte, que serviría de centro de operaciones al gobernador y alcaide Alonso Fernández de Lugo para organizar la conquista de Gran Canaria. Desde este momento, este enclave costero pasa a tener el nombre de Puerto de Las Nieves, devoción que trajo consigo Fernández de Lugo. Finalizadas las contiendas bélicas, y a partir del triunfo castellano, se instala un nuevo orden económico y social, pasando la mayor parte del territorio de Agaete, tras los repartimientos, a manos del genovés Antón Cerezo. Este núcleo surge a partir del trazado del poblado aborigen, situado, posiblemente en el mismo lugar en que hoy se asienta el casco urbano de Agaete. En este momento pasan a formar parte de la población de la zona, entre otros, genoveses, castellanos y la población aborigen que supervivió, integrando todos una sociedad que basó su economía en las labores agrícolas. El cultivo de la caña de azúcar fue introducido tempranamente en la zona, detentando el ingenio azucarero de Agaete Antón Cerezo y Sancha Díaz de Surita. La buena marcha de esta actividad permitió un rápido repoblamiento de la zona, gracias a la demanda de mano de obra, tanto asalariada como esclava, y conectó al Puerto de las Nieves con los mercados europeos. Las buenas expectativas económicas generadas por el cultivo y exportación de la caña de azúcar no tardaron en desaparecer, debido a la quiebra de los mercados tradicionales por la competencia del azúcar americano. A partir de estos momentos, y durante el siglo XVII, nacen cortijos y haciendas que ejercen una atracción de población trabajadora, dando así lugar al surgimiento de los principales núcleos de población que conformaron el municipio, tal es caso de El Valle, El Sao, EL Hornillo, o Guayedra. En este sentido podemos observar una distribución de la población en base a la localización de los recursos. Así, la mayor parte se asentó por debajo de los trescientos metros sobre el nivel del mar, donde se encontraban las tierras mas llanas y fértiles. Al contrario que en resto de los municipios del norte, sólo encontramos un núcleo de población en las medianías, El Hornillo, cuya población se dedicó a la agricultura de subsistencia y al pastoreo. La agricultura siguió siendo durante los siglos posteriores el motor de la economía de Agaete, experimentando un impulso a partir del siglo XIX con la introducción del cultivo de la cochinilla y, posteriormente, del tomate. En este siglo se produce la construcción del antiguo muelle, con lo cual se hace más fluido el comercio con el resto de las Islas y, en especial, con Tenerife, desarrollándose, a partir del mismo, una burguesía comercial que, junto con la terratenencia agraria, conforma la élite del municipio. Debido a la escasez de agua y al avance urbanístico, en los últimos años la actividad agraria ha cedido terreno a favor de las actividades terciarias, sobre todo hostelería y restauración, fruto del desarrollo turístico experimentado en la Isla. La actividad pesquera artesanal de Agaete fue igualmente importante hasta hace pocos años. En la actualidad se encuentra en retroceso. La construcción de un puerto con orientación comercial ha convertido a la Villa en la vía más importante de comunicación marítima de Gran Canaria con la isla de Tenerife. Como ya se dijo, son muchos los restos aborígenes que salpican el territorio del municipio. En este sentido, cabe destacar los restos del poblado de Majada de Altavaca, en Guayedra, la necrópolis del Maipés de Agaete y el complejo de las Cuevas de Bisbique, en el camino que sube de San Pedro a Tamadaba. El núcleo urbano de Agaete se configura a partir del primitivo asentamiento aborigen, en la margen izquierda del barranco del mismo nombre. En el mismo destacan la Iglesia de Nuestra Señora de la Concepción, la Ermita de San Sebastián y el Huerto de Las Flores. No conocemos la fecha exacta de la construcción de la primitiva Iglesia de la Concepción, si bien en las Constituciones Sinodales de 1514 y 1515, del obispo Vázquez de Arce, se halla una referencia a la misma. Esta antigua iglesia se incendia en 1874, iniciándose en ese año la construcción del actual templo, frente a los solares que aquella ocupaba. El 18 de octubre se coloca la primera piedra del edificio, colaborando el pueblo de Agaete gratuitamente en su construcción. Se trata de una Iglesia de estilo neoclásico, dividida en tres naves. La fachada de la nave central está rematada por un frontón triangular realizado en cantería roja de la zona y, las dos laterales, por sendas torres. La Ermita de San Sebastián está situada en el barrio del mismo nombre, en las cercanías del centro urbano de la Villa. Fue construida en el siglo XVII por el capitán Alonso Imperial, dentro de un estilo mudéjar que se aprecia en la techumbre a tres aguas y en el artesonado interior, decorado y realizado en madera. En su interior se encuentra la imagen escultórica más importante del municipio; representa a San Sebastián y fue realizada por el escultor Luján Pérez. En uno de los callejones del centro de Agaete, y junto al barranco, se encuentra el jardín botánico conocido como Huerto de Las Flores. Éste fue mandado a construir en el siglo XIX por la familia Armas, una de las que detentaba el poder económico del municipio. En su interior podemos disfrutar de ciento cinco variedades de plantas exóticas procedentes de todo el mundo. Este fue el lugar elegido por artistas para realizar sus tertulias culturales en las primeras décadas del siglo. Entre ellos podemos destacar las figuras de Tomás Morales, Alonso Quesada y Saulo Torón. Tras su adquisición por parte del Ayuntamiento en 1975, recupera su función cultural, acogiendo este lugar conciertos musicales, obras de teatro… Además de la visita a estos lugares, un recorrido por Agaete no puede quedar sin un paseo por los callejones que escalan la ladera sobre la que se asienta el pueblo, y donde podremos contemplar bonitos ejemplos de la arquitectura popular, que destaca por el empleo del color blanco en la fachada y el marrón, verde o azul en puertas y ventanas, además de darnos la posibilidad de admirar el privilegiado entorno natural en el que se encuentra el pueblo. Hacia el interior, los riscos de Tamadaba y, hacia la costa, el Roque Antigafo Bajo, el que se encuentra en el Puerto de Las Nieves. Fuera ya del núcleo urbano, en dirección al Valle, podemos observar la Hacienda de los Manrique de Lara, mansión de una de las mayores familias terratenientes de la zona. Continuando hacia el interior, destaca la variedad de elementos característicos de un paisaje rural empequeñecido por la grandiosidad de los riscos del Pinar de Tamadaba, bajo el que observamos los barrios de San Pedro y La Vecindad de Enfrente, parcelas de cultivo, estanques, pozos y acequias. Los molinos hidráulicos situados en el pequeño núcleo de El Sao son una muestra más de este tipo de construcciones desarrollados en el seno de una cultura tradicional de base agraria. Hoy día ninguno de estos molinos, construidos en el siglo pasado para hacer frente a la demanda de cereales producida por el incremento de población, se encuentra en funcionamiento. Hacia la costa, en dirección al Puerto de las Nieves, está la llamada Casa Fuerte de Agaete. Esta fue mandada a construir por Pedro de Vera para acometer la conquista militar del Norte de Gran Canaria en 1481. El alcalde de la misma fue Alonso Fernández de Lugo, que vivió en ella hasta 1485, cuando ya la conquista de la Isla había finalizado. Este edificio, caracterizado por modificaciones y ampliaciones a lo largo de la historia, fue incoado en 1991, para su declaración como Bien de Interés Cultural, y en la actualidad se encuentra abandonado. En Las Nieves, pequeño núcleo pesquero, enclavado en una zona de playas entre los grandes acantilados de la costa oeste de Gran Canaria, en la actualidad en proceso de crecimiento debido, por un lado, a su atractivo turístico y, por otro, al reciente puerto comercial, se sitúa la Ermita de Nuestra señora de Las Nieves. Ésta fue mandada a construir, en la segunda mitad del siglo XVI, por Francisco Palomares, descendiente de Antón Cerezo y Sancha Días de Zurita. La ermita fue ampliada por la familia Armas en el siglo pasado, construyendo una torre a cada lado de la fachada. En el interior de esta construcción se encuentra la tabla flamenca de la Virgen de Las Nieves, uno de los máximos exponentes de arte flamenco del siglo XVI en Canarias. La obra se atribuye al pintor flamenco Joos Van Cleve y fue encargada por Antón Cerezo y Sancha Díaz. Durante la festividad de la Virgen de Las Nieves, del 3 al 17 de agosto, se celebra una de las fiestas más importantes de la Isla, la Rama, que atrae a miles de personas de todo el Archipiélago. Otras fiestas importantes del municipio de Agaete son las de San Pedro, en el Valle, celebradas el 29 de junio, o las de la Concepción, en diciembre, y San Sebastián, en enero.